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7.12.22

Sobre la imperfección

Me gustan las personas
 
que se sepan sensibles,
que se quieran pensantes.
 
— @justwannabeapoet.

Las personas en los entornos corporativos a veces somos un poco menos personas. Se nos olvida lo que somos y cuál es nuestra esencia como seres humanos con una frecuencia que, si nos midiera un algoritmo, seguro que determinaba un patrón muy claro. Pero esto no va precisamente de máquinas ni algoritmos, sino de cómo nos desarrollamos dentro de las organizaciones como especie y por qué somos nosotros, las personas, las que determinamos la cultura dentro de una empresa.

En cierto modo podemos hablar de que “deshumanizarnos” es parte de nuestro carácter humano, especialmente cuando estamos creando algo externo a nosotros, a pesar de que lo que estemos creando sea para otras personas. “Ten siempre presente la visión del cliente”, “human centered design”, “hay que empatizar con las necesidades de nuestro usuario”, son algunas de las tantas frases que se repiten antes, durante o después del desarrollo de un proyecto… pero, ¿por qué?

Creamos y diseñamos servicios, productos y experiencias para nosotros y sin embargo siempre pecamos de olvidarnos de lo que realmente necesitamos. Tenemos que tener en cuenta tantos inputs externos que él “para qué y “por qué lo estamos haciendo” queda difuminado, lo relegamos a un segundo plano. La búsqueda de sofisticación nos aleja de nuestra esencia. Somos tan complejos como orgánicos, y en este sentido la sofisticación nos encorseta.

Hemos naturalizado el hecho de construirnos nuestra propia jaula, una y otra vez.

Y es que esto no solo sucede a la hora de diseñar sino que es también un fiel reflejo de los comportamientos que nos imponemos en la empresa.

Las organizaciones son seres vivos, en tanto en cuanto viven gracias a las personas que las componen y esa vida la insuflan procesos orgánicos, creados por personas. Naturales y dinámicos.

No es una cuestión de poner al ser humano por encima de todas las cosas, ni hacer un alegato antropocentrista en el que nos pensamos seres superiores al resto del planeta. Al contrario, es cuestión de perseguir preguntas que nos ayuden a entender nuestra forma de comportarnos en las empresas como reproducción a pequeña escala de lo que también hacemos en la sociedad.

La cultura de una organización no deja de hablar de comportamientos, creencias, costumbres y formas de trabajar que comparte la empresa en cuestión, y esto gana sentido si pensamos en las empresas como seres vivos. La cultura es esa capa de relaciones y encuentros significativos que fortalecen los nexos que establecemos en el ecosistema empresarial.

Hablar de ecosistema suena complejo, y lo es, al igual que lo son los sistemas que nos circundan. Pero, ¿qué pasa cuando ponemos encima de la mesa la sencillez para hablar de la cultura de una organización? Sencillez, no simplicidad.

Profundidad y sencillez pueden ir de la mano, como dice Xavier Marcet en su artículo Escalar la sencillez: “A la complejidad se la enfrenta mejor desde la sencillez de los que visitaron la profundidad”.

Y es que es muy fácil caer en los opuestos y reducir el pensamiento a eso. Parece incompatible hablar de profundidad y sencillez en la misma frase, pero parto de una premisa básica: las personas somos seres imperfectos.

  • Imperfectos porque sentimos y no siempre somos capaces de gestionar las emociones de la mejor manera.
  • Imperfectos porque pensamos y cuestionamos las cosas pero también nos equivocamos tomando decisiones, y el error es parte del aprendizaje que nos ayuda a volver a levantarnos.
  • Imperfectos porque somos seres en una búsqueda constante del sentido y la belleza, y esa búsqueda nunca acaba.
  • Imperfectos porque necesitamos ser adaptables al contexto que nos rodea y flexibles ante sus acontecimientos.
  • Imperfectos porque nosotros somos nosotros, nuestras circunstancias y nuestra forma de entender y mirar al mundo y eso nos limita si no sabemos cultivar una mirada colectiva y que se asombra ante la vida.

Desde luego, si las personas no están por la labor de cambiar tampoco lo hará la empresa.

El talento de la organización será capaz de proyectar lejos o estancar a la empresa. Poner el foco en alimentar y atraer el talento (siempre he pensado que la palabra retener nos hace un flaco favor a la hora establecer relaciones sanas empleado-empresa) que realmente tiene potencial es alargar la esperanza de vida de la organización.

En tanto que las personas somos imperfectas, las empresas también lo son y es eso lo que nos da el margen de crecimiento, evolución y la posibilidad de innovación. Donde reside la perfección no hay espacio para mejorar y crecer.

Cristina Bucero

Cristina Bucero

Strategy & Innovation

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