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12.01.23

Diseño del comportamiento

A lo largo de la historia, el ser humano ha sido capaz de crear, a través de distintas formas, objetos que iban potenciando sus capacidades tanto físicas como mentales: creamos herramientas para poder cazar, creamos un lenguaje para expresarnos, creamos un sistema numérico para poder contar y, después, poder sembrar y asentarnos.

Aprendimos que viviendo en comunidad éramos capaces de conseguir más cosas y también más rápido: creamos leyes y sistemas de gobierno para poder convivir, creamos la expresión artística, los barcos, el motor y los aviones para poder desplazarnos, casas y urbanizaciones para poder vivir… Podríamos nombrar infinidad de objetos que hemos diseñado, desde una hoz para segar, hasta edificios monumentales como el Burj Khalifa en Dubai, considerado el edificio más alto del mundo con 828m de altitud y 163 pisos, desde un objeto afilado que hoy llamamos cuchillo hasta coches eléctricos, móviles, naves espaciales e incluso hemos llegado a diseñar el genoma de nuevos seres vivos.

Es así como gracias a la imaginación, la creación y diseño de estos objetos se han ido marcando hitos en nuestra historia, en nuestra cultura y en nuestro desarrollo como especie. En este desarrollo, el comportamiento y el uso habitual de estas creaciones son lo que conforman nuestra evolución cultural. Los términos como «evolución» «desarrollo» tienen que aprender a verse desde lo individual ya que en ello se sustentan. Los fenómenos a gran escala son la suma de pequeñas acciones individuales.

Este proceso de creación que en días modernos llamamos «diseño» no solamente ha potenciado nuestras capacidades, sino que ha modificado la forma en la que nos relacionamos con los objetos que creamos.

Las personas a lo largo del tiempo hemos ido modificando nuestro comportamiento debido a variables que también han ido cambiando a lo largo del tiempo, sin embargo el papel del diseño en la transformación de nuestro comportamiento juega un papel importantísimo y, por tanto, de nuestra evolución como especie: queremos solucionar algo, lo diseñamos, lo creamos, lo utilizamos, y cuando lo utilizamos con frecuencia incluso sin pensarlo es cuando lo hacemos un hábito que cambia nuestro comportamiento y, por ende, modifica nuestra cultura.

Este proceso de creación que en días modernos llamamos «diseño» no solamente ha potenciado nuestras capacidades, sino que ha modificado la forma en la que nos relacionamos con los objetos que creamos. ¿Alguna vez nos imaginamos la relación que tenemos ahora con el teléfono móvil? El diseño tiene la capacidad de crear productos que modifiquen nuestro comportamiento hacia un sitio que muy probablemente no nos hayamos ni siquiera planteado.

¿Qué pasaría si cambiásemos el diseño de los productos que utilizamos de cara a que modifiquen su uso, nuestro comportamiento y con menos emisiones o residuos? Esto es ante lo que intenta luchar el llamado «circular thinking», en el cual los diseñadores tienen un papel crucial en intentar satisfacer la misma necesidad que satisface un producto ahora pero creado siendo circular y sostenible. En intentar, a través de las creaciones de nuevos productos y servicios, cambiar el comportamiento de las personas hacia un cambio de mindset mucho más sostenible.

El diseño también tiene el poder de alterar nuestras emociones. Marcas como Google en la feria internacional de Diseño en Milán están realizando instalaciones para investigar neuroestésicamente sobre cómo la belleza y los espacios afectan a nuestro cerebro con un espacio en la feria llamado Un espacio para ser: Explorando el impacto del diseño en nuestra biología.

Esto es el motivo por el cual la conversación alrededor de la sostenibilidad reside en temas como el diseño, la creación de nuevas soluciones, imaginación de relaciones distintas con los objetos que poseemos, de innovación, de tecnología… y no en la forma en la que podemos deshacernos de nuestros residuos. Los diseñadores (y con esto agrego a arquitectos, urbanistas, políticos) tenemos un papel crucial. Tenemos que aprender a diseñar a largo plazo y no diseñar en base a la necesidad, sino en base a lo importante. El pensar a corto plazo y las necesidades de suministro global ha hecho que las soluciones que se han planteado en los últimos 30 años hayan sido creadas sin pensar en las consecuencias a largo plazo. El tiempo que vivimos hoy nos obliga a pensar en el largo plazo.

Leonor Ruiz

Leonor Ruiz

Research & Strategy

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