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19.03.24

Movimiento vs. Posicionamiento

Cuando en el evento realizado el mes pasado nos preguntamos «qué tipo de innovación necesita nuestro tiempo», los profesionales de distintos sectores coincidieron en la necesidad de integrar lo humano y lo tecnológico. También en que hablar de innovación es hablar de exploración y curiosidad. A mí me sirvió para conectar de nuevo con un patrón que va más allá del tiempo y contexto que nos rodea y que ha sido una constante en los proyectos en los que hemos obtenido los mejores resultados de negocio en estos 20 años de trayectoria.

Ese patrón común es el movimiento, de personas y, por tanto, organizaciones que saben y entienden la importancia de moverse para mirar desde otra perspectiva y así cuestionar e incorporar reflexiones que les lleven a nuevas oportunidades de negocio.

No creo que haya ningún líder ni organización que se posicione en contra del párrafo anterior, lo que me ha llevado a intentar entender qué impide que esto suceda en muchas de las organizaciones con las que me relaciono, y muy especialmente en áreas de innovación, transformación y desarrollo de negocio.

Y para entenderlo y por deformación profesional he cuestionado las preguntas iniciales, pero en vez de preguntar por la falta de movimiento he ido a entender el valor de estar parado, la quietud.

¿Por qué estoy parado?, ¿qué me aporta?, ¿en qué me anclo?

Y creo que la respuesta es clara y sencilla. Lo hacemos para posicionarnos, por la seguridad y tranquilidad de tener una posición. En el mundo empresarial donde se buscan certezas y seguridad posicionarse es clave, o es lo que parece que se espera. Una posición clara y rotunda, tanto por parte de las marcas a través de su posicionamiento como de las personas con su opinión.

Posicionarse es adoptar una determinada actitud ante algo, y ese ante —frente, a favor o en contra— limita y mucho el movimiento. No quiero decir que no puedas moverte ni cambiar (soy un fiel defensor de que las personas cambian), pero es más costoso. Al posicionarte sueles defender una posición tomada, escuchas para argumentar y no para entender otros puntos de vista e incorporar nuevas miradas, y esto lo único que hace es reforzar tu quietud.

Moverse, aunque pueda parecer sencillo, es complejo porque tanto las personas como las organizaciones tenemos hábitos e inercias adquiridas que llevan tiempo jugando en su contra.

El primer paso fundamental para romper estas barreras es a través del lenguaje. Cambiar la manera en la que nos hablamos, pasando de posicionarnos a ubicarnos. Una palabra más liviana en cuanto al anclaje que nos sitúa en un lugar pero que tiene carácter temporal. Esto nos brinda la posibilidad de movernos, da libertad, deja puertas abiertas y, sobre todo, no nos enfrenta a otras posiciones. Se elimina el favor o en contra de la reflexión y conversación, pudiendo integrar otras miradas.

Hoy me ubico aquí, mañana allí. Y, en el futuro… ¡no sé! Mientras, en el camino, me voy moviendo, adaptando y evolucionando.

El movimiento es clave en cualquier organización, pero para las áreas de innovación, transformación y desarrollo de negocio es innegociable.

¡A moverse!

Y si todos lo hiciéramos un poco seguro que nos moveremos hacia un mundo menos polarizado.