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29.11.23

Narrativas de decrecimiento

En este texto, nos embarcamos en un viaje imaginativo que busca desentrañar la promesa cautivadora de las narrativas de decrecimiento. Exploraremos no sólo su oposición al crecimiento, sino cómo puede inspirar nuevas formas de imaginar nuestra cultura y diseñar nuestro negocio.

¿Cómo podemos redefinir el progreso y el bienestar en un mundo donde el crecimiento económico perpetuo ha agotado nuestros recursos mentales?

¿Qué narrativas y cambios culturales se necesitan para desafiar la sabiduría convencional de que el crecimiento económico es sinónimo de éxito social, y cómo se alinean estas narrativas con los principios del decrecimiento?

¿Qué estrategias de diseño de actitudes pueden empoderar a individuos y comunidades para hacer una transición hacia economías más equitativas sin dejar de satisfacer sus necesidades y deseos de un futuro más brillante?

Estas preguntas abiertas nos guiarán en nuestro esfuerzo por explorar las fórmulas convencionales de crecimiento y su contraparte, el decrecimiento, mientras registramos su impacto en nuestra cultura de vida.

Para comprender el atractivo de las narrativas de decrecimiento, primero debemos desentrañar el paradigma de crecimiento perpetuo que se presenta como el Santo Grial de nuestro éxito. Las narrativas del decrecimiento no son tan desconocidas para el pensamiento humano, aunque podríamos tener la impresión de que apenas se perciben en el ambiente. Esto se debe a que el crecimiento económico, al abordar las deficiencias de nuestra vida social, a menudo prevalece en nuestras capacidades imaginativas del futuro.

El crecimiento económico a menudo se percibe como sinónimo de bienestar o una buena calidad de vida. No solo se considera sinónimo, sino también su causa. Comúnmente, profetizamos que el bienestar es alcanzable cuando observamos un aumento en la actividad económica. La palabra ‘recesión’, derivada del verbo latino ‘recedere’, que denota una suspensión temporal del trabajo o actividad, suena amenazante, insinuando que nuestra calidad de vida empeorará. La narrativa común es que, si la economía crece, como individuos, podemos anticipar mejoras en nuestras vidas.

Sin embargo, ecologistas, sociólogos y diseñadores medioambientales colaboran para desafiar esta imagen simplificada del mundo. Argumentan que el crecimiento económico desenfrenado conlleva inevitablemente problemas como la contaminación y la sobreproducción física y mental. Señalan situaciones donde una abundancia de bienes y esfuerzos laborales se desperdicia debido a la falta de demanda, creando un exceso incapaz de mantenerse.

Una representación visual de estos picos de crecimiento sería una estatua de casas de hormigón apiladas unas sobre otras, vacías e inhabitadas. Esta estatua se convierte en un símbolo congelado en nuestro tiempo, donde autopistas vacías danzan al viento mientras el crecimiento persiste.

Reflexionar sobre las consecuencias de este tipo de crecimiento es esencial: la degradación ambiental, el agotamiento de recursos y la creciente desigualdad social. Este análisis invita a repensar nuestra relación con el crecimiento y considerar alternativas que promuevan el bienestar sin comprometer el entorno y la equidad social.

El cuidado y lo no monetizado no se reflejan en el PIB y por ende, se presentan “sin influencia” en nuestro bienestar.

Nuestro desafío hoy consiste en diversificar nuestra capacidad para imaginar futuros. ¿Es posible hablar de economía sin crecimiento y, aún más, de desarrollo sin crecimiento? ¿Este agujero de gusano, este crecimiento desenfrenado siempre ha estado presente en la economía? Aunque pueda parecer que así ha sido, estos conceptos son perfectamente separables. La importancia atribuida al crecimiento económico es un concepto que surgió después de la Segunda Guerra Mundial, una perspectiva histórica que, en términos globales, es bastante reciente. La carencia de vínculos sólidos con procesos históricos a largo plazo sugiere que la economía podría no enfocarse necesariamente en el crecimiento, sino más bien, como un buen ejemplo, en el bienestar.

Aunque nos gustaría dejar el decrecimiento sin la definición clásica para que todos puedan pensar en sus estrategias a través de las narrativas, presentemos una definición preliminar de decrecimiento directamente vinculada al bienestar. El decrecimiento implica un cambio lógico que va desde desde la simple acumulación hacia un enfoque basado en el bienestar esencial, destacando la calidad sobre la cantidad. Abrazar el decrecimiento para nosotros significa alcanzar el éxito a través de un enfoque equilibrado y reflexivo, en lugar de una expansión implacable.

Simon Kuznets, el creador del PIB, no consideraba su indicador como un indicador de bienestar. Por esta razón, las políticas nacionales que buscan un crecimiento anual del 3 por ciento en el PIB como garantía de mejora en la calidad de vida deberían ser cuestionadas, ya que forman parte de la mera acumulación económica. El cuidado y lo no monetizado no se reflejan en el PIB y por ende, se presentan “sin influencia” en nuestro bienestar. En realidad, la vida buena se construye en torno al cuidado. Tenemos la libertad y responsabilidad de promover el uso de medidas alternativas de progreso más allá del Producto Interno Bruto, como el Indicador de Progreso Genuino o el Índice del Planeta Feliz, que consideran el bienestar, la sostenibilidad ambiental y la equidad social.

La sobreproducción constituye otro aspecto crucial que requiere nuestra atención. No deberíamos depender de un crecimiento constante del consumo, que conduce al despilfarro de productos y a la devaluación de las prácticas humanas. Cuando se tejen narrativas a corto plazo, se impulsan productos de consumo rápido para estimular el crecimiento económico, instando a las personas a adquirir promesas interminables. El marketing consumista insiste en la importancia de poseer siempre el último modelo, no obstante, deberíamos contemplar la creación de productos que no necesiten ser reemplazados y que sean reparables a largo plazo.

En nuestras ciudades, observamos más espacios dedicados a la adquisición de artículos nuevos que lugares donde se pueden reparar diferentes objetos y contemplar los ciclos de vida. Esta dinámica no solo deja de satisfacer las necesidades humanas, sino que representa una serpiente insaciable que nunca cesa de morderse la cola. Considerar la durabilidad y reparabilidad de los productos no solo beneficia al medio ambiente al reducir el desperdicio, sino que también fomenta un enfoque más consciente en nuestra relación con los bienes materiales.

¿Qué más propone el decrecimiento? Reorganizar la economía hacia la sostenibilidad ambiental y la justicia social. Ambos aspectos son inseparables. Otro principio fundamental es la relocalización de las economías, es decir, producir localmente lo que necesitamos, lo cual no implica la cancelación del comercio, sino que señala que la mano de obra barata ya no será considerada una ventaja competitiva, ya que se valora tanto el trabajo como la ecología.

[…] el trabajo se transforma en una fuente de satisfacción y contribución, en lugar de una carga impuesta por la necesidad económica.

Existe la creencia de que la economía del decrecimiento está vinculada al desempleo, cuando en realidad, sus principios se centran en permitir que las personas disfruten de su trabajo. Sectores perjudiciales para el medio ambiente serán eliminados, dando paso a más oportunidades laborales en áreas como la energía renovable, la reparación y el mantenimiento de infraestructuras, por ejemplo. En el decrecimiento, el enfoque estará en crear más espacios libres y creativos para que las personas se dediquen a lo que realmente desean hacer. Así, el trabajo se transforma en una fuente de satisfacción y contribución, en lugar de una carga impuesta por la necesidad económica. Esta reconceptualización del trabajo no solo beneficia a los individuos, sino que también fomenta un entorno más sostenible en el negocio.

Las organizaciones que se centran exclusivamente en las ganancias son solo la punta del iceberg, eclipsando numerosos procesos reproductivos que respaldan esas ganancias dominantes. Para trabajar, es necesario estar preparado para trabajar, es decir, ser incluido en cadenas multilaterales de cuidado. El enfoque en las ganancias no puede ser el principio rector de la innovación. Imaginemos, en cambio, un negocio organizado según los principios del decrecimiento, fundamentado en la cooperación, la solidaridad y la creación no centrada únicamente en el lucro.

No se trata de vivir con restricciones económicas y aburrimiento, sino de buscar una vida buena sin basar nuestra narrativa en la generación de más desperdicios. La prosperidad de un nuevo negocio no debe depender de la producción y consumo sin parar, sino estar dirigida al enriquecimiento de su entorno cultural y educativo y orientada hacia nuestro tiempo de calidad.

En las narrativas sobre el decrecimiento, somos partícipes de la redefinición del progreso y de la adopción de estrategias innovadoras para la sostenibilidad del negocio y nuestro bienestar. Al abrazar estas intervenciones creativas, nos embarcamos en un camino donde el «menos» verdaderamente se convierte en «más», una travesía hacia un futuro en el cual la búsqueda de vidas sostenibles, equitativas y significativas toma el protagonismo. Presenciaremos de primera mano el potencial que se encuentra en la intersección del diseño de actitudes, la cultura y las narrativas de decrecimiento para nuestros desafíos empresariales.

Permitamos que estas palabras vivan con nosotros. Cuidado. Esencia. Bienestar. Cultura de vida. Desarrollo empático. Solidaridad. Embarquémonos en un viaje de transformación, reconociendo que la verdadera riqueza reside en la calidad de nuestras vidas. Al adoptar estas perspectivas, no solo avanzamos hacia una empresa más sostenible, sino también hacia un modelo de existencia que honra la conexión entre el bienestar individual y el bienestar colectivo.

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Ionah Nuur

Estrategia e Innovación