El factor “tiempo”, es una de las variables que a lo largo de muchos proyectos que hemos hecho en Soulsight se repite constantemente. Se repite porque el tiempo es un tema que ha ocupado a filósofos, científicos, matemáticos e historiadores a lo largo de todos los tiempos y nos sigue ocupando a nosotros ya que la gestión del tiempo, el valor que se le da y los atributos que se le otorgan forjan el futuro al que nos dirigimos como empresa y como individuos que la conforman.
Ahora, para poder entenderlo bien, vamos a profundizar un poco: ¿cómo percibimos el tiempo?
Cuando hablamos de “percepción” (por ende subjetivo), es porque el tiempo no se percibe tal y como percibimos otros estímulos exteriores que es a través de los sentidos. Es decir: percibimos el tiempo de forma mental y como una serie de eventos separados que tienen distintas duraciones, una secuencia y una frecuencia. No percibimos el tiempo en sí mismo, sino los cambios en un periodo de tiempo o eventos en el tiempo (secuencia).
Los seres humanos somos los únicos animales que tenemos esta capacidad, la de poder percibir el tiempo de forma secuencial y por eso hemos sido capaces de crear mapas, por eso pudimos crear la agricultura, el cine, el arte y podemos crear estrategias. Los seres humanos somos los únicos seres vivos que podemos mirar hacia la historia, recapitular el presente y planificar el futuro.
El hecho de poder percibir el tiempo, tiene que ver con un esfuerzo mental en donde el cerebro organiza los estímulos recibidos. Lejos de ser los sentidos los que activan el factor tiempo en el cerebro, es la dopamina y la adrenalina las que están involucradas en nuestra percepción del tiempo. Cuando el cerebro recibe nueva información, se genera dopamina, emoción y la tiene que reorganizar y presentarla en una forma más “entendible” para poderla digerir. Cuando la información no es nueva y nos es familiar, el esfuerzo mental es mucho menor y esto tiene absolutamente que ver con nuestra percepción del tiempo:
Cuando recibimos nueva información, el cerebro tarda más en reorganizarla y el tiempo “se alarga”. Por eso dos enamorados pueden estar toda la noche hablando sin siquiera notar el paso del tiempo.
Cuando la información no es nueva (como el día a día) el cerebro hace poco esfuerzo, se centra en nuevas tareas, nos hace más consciente de él y nos hace sentir que pasa volando.
Y hablando de “centrarse” hay dos factores que también son cruciales en la forma en la que percibimos el tiempo: la atención y la memoria. Cuando prestamos más atención a un “evento” en lugar de prestarla al paso del tiempo, hace que el evento se pase volando. Sin embargo si estamos mirando el reloj, se nos hace eterno. Y la memoria asocia eventos repetidos o familiares y lo asocia con esa percepción.
¿Y qué tiene que ver el tiempo con el negocio? Mi respuesta es: todo. La tónica de las últimas décadas ha sido crear productos, servicios y tecnologías nuevas para hacerlo todo más rápido:
La conexión a internet, la movilidad, relojes inteligentes, geolocalizadores, la energía en nuestras casas, fertilizantes para que crezca la comida más rápido, muebles que podemos armar en diez minutos, cursos rápidos y ahora el metaverso…todo más rápido y con menos esfuerzo.
Hemos dotado al tiempo de un valor económico y esto ha tenido implicaciones sociales, culturales y de salud que ni siquiera nos imaginamos.
Todas estas “innovaciones” tienen dos factores fundamentales que afectan a nuestra percepción del tiempo: primero, nos hacen mucho más conscientes de él (lo medimos) y segundo, nos permite hacerlo todo más rápido y por ende hacer más cosas en menos tiempo, entonces lo llenamos con más actividades, para terminar sintiendo que tenemos menos tiempo y esto tiene que ver con que no hay dopamina alguna, no hay atención y conciencia a lo que se está haciendo y que nos hace más conscientes de cuánto tardamos o deberíamos tardar en hacer una tarea y la atención que le deberíamos prestar.
Pero no solamente lo medimos todo y lo hacemos más rápido, sino que hemos dado un “valor” al tiempo. Desde la Revolución Industrial, los empleados pasaron de ser pagados por los productos que vendían (en sus casas o negocios) a producir en las fábricas y a ser pagados por tiempo. En 1748 Benjamin Franklin dijo la famosa frase “el tiempo es oro”, época que marcó el inicio del cambio en nuestra relación con el tiempo. A partir de esa época, el tiempo adquiere valor, la puntualidad se inculca como carácter cívico y se le otorga al tiempo una dimensión que desde el inicio de la humanidad no había tenido. Por eso el tiempo hoy tiene un valor y sentimos que estamos perdiendo el tiempo si no lo hacemos productivo; porque hemos dotado al tiempo de un valor económico y esto ha tenido implicaciones sociales, culturales y de salud que ni siquiera nos imaginamos.
Esto y lo antes explicado (percepción, memoria, atención, adrenalina) genera sinergias distintas en donde por ejemplo afecta a la creatividad (para lo cual se necesita tiempo), al arte, a la imaginación, a las relaciones, a la salud y por ende a la posible creación de un futuro que lejos de ser lo que más tiempo nos debería llevar, es algo que se ha dejado en un segundo plano.
Afecta al objetivo para el cual creamos un nuevo producto. Si no es nuevo, no genera adrenalina, si es familiar, parece que “aburre”. Y esto genera que las invenciones pasadas y aprendizaje histórico se deje de lado con el afán de ser siempre los primeros y que sea nuevo de verdad, la famosa frase “que no exista”.
Pero lo más importante, es que cuando hacemos proyectos de innovación, tienen un impacto real en la vida de las personas. Debemos plantearnos preguntas como ¿Queremos generar más voracidad de tiempo? ¿Qué impacto tiene esto en la forma en la que los usuarios van a percibir su tiempo y su vida?
Tenemos que recordar que la vida está hecha de pequeñas y grandes decisiones y que muchas organizaciones tienen no solamente el poder, sino la responsabilidad de asegurar que el tiempo no se nos vaya de las manos.
Leonor Ruiz
Estrategia e innovación en Soulsight