Los tiempos difíciles, como en el que vivimos, los podemos ver como un parón de nuestro supuesto progreso personal o como un acelerón de nuestro propio descubrimiento.
En nuestra vida muchas veces buscamos anestesiarnos y no reconectarnos. Nunca tenemos tiempo para casi nada, y mucho menos para nosotros mismos. Las crisis siempre han sido necesarias, nos fuerzan a reflexionar, a poder reaccionar y reajustar o corregir al menos cuestiones que consideramos importantes. De pronto, surge un pequeño despertar en nosotros para traernos un poco más hacia nuestra realidad, realidad sin tanta opción a distracciones, a ficciones.
Por algún motivo, la mayor parte de las veces estamos muy desconectados de quiénes somos. El sistema de creencias que tenemos instaurado nos tiene encorsetados, haciéndonos creer que la vida que llevamos es de alguna manera, la vida que nos podemos permitir, pero ¿y qué hay de lo que queremos en lo más profundo de nosotros?, ¿por qué no miramos con esperanza y deseo a esos anhelos? La respuesta no debe ser sencilla, pero quizás sea porque en el fondo nuestras propias creencias nos limitan y nos encapsulan en ideales ligeramente mediocres, pero socialmente aprobados, con lo cual, nos parecen bien, cómodos, correctos, organizados, asépticos. Pero si sólo vamos a vivir una vida, al menos con la consciencia de ello, ¿por qué nos conformamos con lo correcto en vez de ir a por lo que nos llena, nos nutre, nos emociona, nos aviva y nos motiva, aportando a nuestra vida esa carga extra de esencialidad?
No busques más excusas, resetea, reafírmate en quién eres o quién te gustaría ser, a qué te gustaría acceder, qué has aparcado con lo que soñabas, qué has sacrificado que amabas.
Las creencias son como un bálsamo para nuestros miedos. Constantemente nos vemos sometidos a mensajes que ponen a prueba nuestra fortaleza, que quizás no sea otra cosa que nuestra rutina, nuestro modus operandi, al que le hemos atribuido el título de “bienestar”, pero nos comportamos cíclicamente, una semana tras otra, un mes tras otro, un año tras otro, creando una identidad en nosotros que se ve aprobada por los estándares y que por tanto nos parece que esa es la vida que hemos venido a vivir, en vez de buscar en nosotros, en atrevernos a remover, a destripar, a hurgar con profundidad y a reconocer que quizás hay un vacío y que ese vacío no lo estamos llenando porque no somos de esos “privilegiados” que pueden acceder al mundo de los sueños.
Hoy la incertidumbre se ha instalado en nuestro día a día. Hoy, quizás, estamos un poco más despiertos y reconocemos que no hay certezas, que el miedo paraliza y que puede que merezca la pena arriesgarnos a ser nosotros mismos, pero la cuestión es: ¿y por dónde empezamos? Tenemos facturas que pagar, familia a la que cuidar y un sinfín de compromisos que cumplir, ¿entonces? Entonces, sencillamente, no busques más excusas, resetea, reafírmate en quién eres o quién te gustaría ser, a qué te gustaría acceder, qué has aparcado con lo que soñabas, qué has sacrificado que amabas.
Los cambios empiezan por ahí, por hacer un pequeño giro, por desempolvar algo que te forzaste a olvidar por no considerarse práctico en tu vida adulta, por retomar pequeñas cosas que te hacían reconectar contigo mismo, por sincerarte con tu yo interior y no avergonzarte de aquello que te hace vibrar y con lo que disfrutas por encima de infinidad de cosas a las que sí recurres. No te juzgues, tan sólo hay que permitirse acercarse un poco más a tu yo esencial y poco a poco te irás encontrando, te irás reconociendo e irás resintonizando con tu ser más íntimo, ese que siempre estuvo ahí y que aún puede ser que quieras recuperar y volver a darle su espacio, a riesgo de que algo cambie en tu vida.
Susana Barredo
Chief Happiness Officer en Soulsight