El atajo como movimiento (cultural)
El otro día en el metro me encontré un viejo amigo de veraneo. Más allá del intercambio de datos y anecdotario fugaz lo que más me impacto fue recordar su mote: “el atajos”. Por supuesto no se lo dije pero sí me hizo recordar aquellas caminatas en compañía por el campo en las que en algún momento crítico de cansancio mi amigo gritaba: “¡Conozco un atajo!”.
Y lo cierto es que a pesar de ciertas reticencias al final todos nos dejábamos llevar por senderos y extrañas rutas que hacían que el camino se complicase enormemente, precisara de mayor esfuerzo o incluso muchas veces tuviéramos que acabar volviendo por nuestros propios pasos. De ahí su mote con cierta sarna.
Mi primera reflexión tras este breve encuentro fue pensar… “¿Por qué narices le hacíamos caso? ¿Era por su entusiasmo? ¿Era por nuestra falta de criterio? ¿Nos podía el cansancio? ¿La palabra “atajo” es mágica?”
En aquella época, con una brújula de plástico y un móvil Symbian, el atajo para llegar antes se convertía en sinónimo de aventura, sorpresa o incluso serendipia, aunque acabásemos llamando a la familia o a emergencias para que nos rescataran.
La siguiente pregunta me golpeó fuerte “¿Y ahora? ¿Qué entiendo por atajo ahora?”
La digresión de ideas, sensaciones y señales ante esta pregunta fue atronadora: ¡ahora todo es un atajo!
Vivimos la cultura del atajo. Empujada por la eficiencia, los procesos ágiles, la reducción extrema de los tiempos o la necesidad imperiosa por lo “nuevo”, merezca o no la pena. Las ideas valen más como atajo pivotable que como concepto original.
Atajo pasa de ser sinónimo de acortar el camino conocido, para convertirse en el concepto que empuja de manera somera un movimiento “cultural” que lo abarca todo y a todas. Desde los procesos de negocio, hasta las relaciones románticas y por supuesto la constante toma de decisiones.
El atajo como una visión del mundo.
Como buen movimiento cultural el atajo se impone y transforma todas las disciplinas que compartimos en sociedad: desde el arte a la política, la filosofía, el negocio o las fuerzas invisibles del mercado. El atajo funciona de toda la vida, otra cosa es que el atajo se asuma inconscientemente como un elemento cultural normalizado. Incluso global, o ¿dónde quedó aquello de la milenaria paciencia como expresión de la cultura oriental?
El atajo se formula como la expresión evolutiva que marca el pasar del más fuerte a la más inteligente, y de ahí a la más lista para imponerse el más veloz. Ha habido muchos atajos durante la historia pero con la imposición informática en este SXXI puramente materialista se ha impuesto el más barato, el atajo del más rápidamente rentable.
Y me pregunto… ¿El Hackear, ahora tan de moda, es una manera de potenciar esta cultura del atajo? ¿De encontrar eslabones débiles y fortalecerlos, de atender a potenciales errores y subsanarlos con rapidez? ¿De mejorar e innovar con algo que ya existe? ¿Hackeamos siendo conscientes del impacto de lo digital en forma de “atajo” en el estilo de vida?
El atajo para conseguir una cita en el médico antes… El atajo para conocer a esa pareja deseada… El atajo para evitar un atasco… Incluso estos atajos de toda la vida están asociados en toda su dimensión a la informática y el uso de dispositivos digitales.
Atajos para meter cursivas, para encontrar un documento en la nube, para buscar mejor o para poner un fondo de pantalla en el móvil. El smartphone si lo pensamos bien surge de un diseño en formato de atajo, una adaptación breve de otros dispositivos, ideas imaginadas, sin libro de instrucciones y con todo bien diseñado para que la experiencia sea fácil e intuitiva… y por tanto rápida y sospechosamente “atajada”. De hecho si el atajo no alcanza el éxito de manera inmediata, curiosamente este pasa a ser una suerte de error inadmisible.
El atajo como clave de bóveda cultural impone una realidad cada vez más rápida y más rápida cada vez. El mínimo exigible es el atajo en tiempo real. Y claro… la primera cuestión relevante es entender si el atajo es sostenible, antes parecía serlo, incluso te sacaba de apuros, pero ahora…
Y para muestra un botón… ¿O acaso la maquinaria China no fue un atajo para Apple y su jefe Steve Jobs en sus planes de lanzar el primer iPhone? ¿Acaso esa decisión no tuvo repercusiones en el resto de industrias? ¿Acaso esta deslocalización industrial global no era si no un atajo para incrementar todavía más los excels de beneficios? ¿Acaso la globalización no es un atajo para otros intereses que poco tienen que ver con la convivencia o un bien planetario común? ¿Acaso no estamos sufriendo las consecuencias de una realidad insostenible por culpa del atajo seguido de atajo tras atajo? ¿No parece todo esto una contradicción viejuna y materialista?
Lo digital nos ha proporcionado el atajo infinito definitivo, así hasta que llegue el interface final: lo pienso, y pasa (por eso existo). De hecho el atajo es una buena muestra para atender lo digital como esa visión low-costista de nuestra realidad que ahora todo lo abarca e hibrida. Sólo hay que mirar la propuesta del Metaverso de Meta. Ni bueno ni bonito, eso sí, muy barato.
Antes un atajo, por ejemplo administrativo, precisaba de contactos, conocimientos especializados o experiencia burocrática previa. Con la llegada e implementación de la máquina inteligente en forma de IA, el atajo se ha transformado en un proceso de aprendizaje infinitesimal y profundo que ya promete predecir, prevenir y sobre todo personalizar (enganchar!) para hacer del atajo un servicio en sí mismo, aunque no sea necesario.
No hay atajo sin trabajo. Larga vida al rodeo.
El atajo. Qué cosas tiene eso de pensar… de darle vueltas… de sacar chicha donde ya hay limoná… Incluso con algo tan primitivo en concepto como el atajo. Porque si algo saco en claro es que el atajo se impone como un espejismo, y que si se acaba definitivamente eso de vísteme despacio que tengo prisa perderemos la realidad del atajo analógico ese que atiende al proverbio cultural sostenible: no hay atajo sin trabajo, ni cuesta arriba sin cuesta abajo.
Ya puestos estaría bien recuperar el concepto ese de dar un rodeo, no el de los cowboys, si no el de rodear, el de no ir directos. El contrario al atajo. Tomarte tu tiempo. Mirar y pensar antes de actuar.
Ese rodeo de coger un camino más largo que el ordinario, el desvío o los circunloquios para alcanzar el objetivo, desde la visión estratégica, desde el cuidado, con más profundidad y capacidad de pivotar, sin tanto miedo a la incertidumbre o todo lo contrario… pero sobre todo entender que el rodeo es muchas veces provocado por el deseo.
El deseo… Ahí es nada. Y qué corto se queda atajado.
Pedro Enríquez de Salamanca (Furby)
Estrategia e innovación en Soulsight.