La aceleración tecnológica y la globalización de los mercados hacen que todo esté conectado y cualquier situación pueda afectar de inmediato, ya sean cuestiones globales como la pandemia, la guerra en Ucrania, el cambio climático… o cuestiones empresariales como la digitalización, la falta de talento, el teletrabajo… Situaciones que suelen escapar de tu core de negocio y de las capacidades de tus equipos, y a las que has de adaptarte para seguir en el juego.
Y esta capacidad de adaptación, como bien sabemos, se llama resiliencia, una competencia que ya nadie pone en duda que deben desarrollar todas las organizaciones en sintonía con la vulnerabilidad e incertidumbre.
Ahora bien, si observamos las sociedades y cómo se han enfrentado a grandes desastres y dificultades vemos que siempre se ha hecho de manera colectiva, han sido la fuerza del grupo y la colaboración los grandes aliados de la resiliencia. Obviamente hay trabajo individual de fondo pero siempre hay un sentir común que hace que nos adaptemos, luchemos o nos transformemos ante dicha adversidad.
Lo común está por encima de lo individual, algo que es difícil ver en las empresas con una visión meramente financiera.
Es por ello que cada vez defiendo con más fuerza la necesidad de observar las sociedades, culturas y comunidades para trasladar comportamientos y aprendizajes al ámbito empresarial. Las empresas son un grupo de personas (comunidad) trabajando para personas (clientes y sociedad), por lo que sus comportamientos, necesidades y sentir deberían regirse por los mismos principios o, por lo menos, parecidos.
La resiliencia comunitaria es la condición colectiva para sobreponerse a desastres y situaciones masivas de adversidad y construir sobre ellas donde prima el beneficio colectivo frente al individual.
Por eso es clave entender la resiliencia comunitaria para una organización, ya que la comunidad se entiende como una entidad social con mayor significado que el número de personas que coinciden en un espacio. Y la resiliencia comunitaria es la condición colectiva para sobreponerse a desastres y situaciones masivas de adversidad y construir sobre ellas donde prima el beneficio colectivo frente al individual.
La resiliencia comunitaria se construye día a día, no es algo que pueda pasar de 0 a 100 en 5 segundos como una máquina, hablamos de personas, su sentimiento de grupo y orgullo de pertenencia, por lo que es más una consecuencia a la trayectoria de esa comunidad que una palanca a activar.
Eso sí, hay variables que favorecen dicha cohesión para afrontar adversidades:
- Sentir común: tener un objetivo común que una al grupo y se rija por sólidos principios.
- Eliminación de desigualdades: equidad en la toma de decisiones y búsqueda de estructuras horizontales.
- Transparencia radical: en todas las comunicaciones con especial foco en situaciones de riesgo para aumentar la confianza y respuesta.
- Honestidad y ejemplaridad: en la gobernanza y acciones de los líderes.
- Integración de minorías: escucha y participación de todos, la exclusión de personas en momentos de conflicto genera brechas irrecuperables.
Una vez trabajadas dichas variables toca ver cómo cada comunidad se adapta a las adversidades, pero, ojo, no todas son iguales ni tienen las mismas capacidades. Cada comunidad es diferente en valores, cultura, actitud… y además tendrá un contexto temporal propio que afectará a su sentimiento de vulnerabilidad e incertidumbre, por lo que su manera de afrontar cada situación puede variar. Esto es lo que se llama afrontamiento y hay que tenerlo en cuenta para decidir qué tipo de resiliencia hemos de aplicar en cada situación:
- Resiliencia como resistencia: busca permanecer igual ante la adversidad, que no influya en su día a día y desarrollo, se permanece ajeno al conflicto.
- Resiliencia como adaptación: requiere de ajustes, cambios, negociaciones y compromisos para dar respuesta a la adversidad.
- Resiliencia como oportunidad: se entiende la adversidad como una oportunidad de transformación que requiere cambios complejos, creatividad e innovación.
Para ejercer la resiliencia adecuada ante cada adversidad hay que conocerse en profundidad y entender el contexto, no se es de una única manera ni se tiene un único comportamiento… recordar que por suerte somos personas y no máquinas.
Ahora llevémoslo al ámbito empresarial: cambia comunidad por empresa y resiliencia comunitaria por cultura resiliente y tendrás algunas claves y reflexiones para impactar positivamente en tu organización.
Eduardo Beotas
Socio fundador en Soulsight