Llevamos décadas hablando de «transformación»1, de la necesidad de cambiar y de lo mucho que nos cuesta. Es sorprendente las veces que hemos dicho que las personas no quieren cambiar al mismo tiempo que, paradójicamente, nos incluimos todos en un mundo en constante cambio. Como si el mundo fuera una realidad separada capaz de ir por su cuenta.
Que los equipos estén sobrecargados y que los líderes de las organizaciones se sienten frustrados es un síntoma de los excesos en procesos de transformación que viven muchas organizaciones. Cuando una transformación no cesa, la frustración y el cansancio nos alcanza y probablemente esta sea una de las causas de que el mundo esté tan revuelto.
La transición como alternativa a la transformación
No toda transformación es «clara» y «deseable» y el mundo reclama una respuesta rápida a disrupciones que implican discernir lo que merece ser resistido o acogido. En realidad a nosotros nos gusta hablar de «transición» como alternativa a los discursos de «transformación» y «disrupción». Al contrario que una transformación que propone una solución a una situación determinada, un proceso de transición acepta y gestiona las paradojas, los conflictos y las contradicciones. La transición es un movimiento sostenido y «amable», tanto en contextos organizativos como sociales. Mientras que la transformación tiende a ser percibida como agresiva o rupturista, la transición invita a respetar ritmos humanos y a valorar lo existente, lo que tenemos, como una plataforma para el cambio.
En los últimos años en Soulsight, más allá de proyectos y metodologías, hemos estado desarrollando tres capacidades que consideramos clave desarrollar en todos los ámbitos de la actividad humana: imaginación colectiva, colaboración multidisciplinar y adaptación creativa.
La «adaptación creativa» en particular implica una forma de innovación que reconoce el valor acumulado en estructuras existentes y las transforma desde su lógica interna en lugar de descartarlas. Si la transición es inevitable, la creatividad adaptativa se convierte en una herramienta clave para navegarla sin perder lo esencial. Es casi un principio de permacultura aplicado a la innovación: trabajar con lo que ya existe, intervenir con sensibilidad y permitir que el sistema evolucione sin romperse. Así, minimizamos la famosa «fatiga del cambio» integrando la innovación en la lógica interna de la empresa en lugar de que se imponga desde fuera. En términos más prácticos, permite aprovechar al máximo los recursos existentes en lugar de invertir en una reinvención constante.
Adaptación creativa en la gestión del riesgo
Una aplicación práctica de esto es un interesante proyecto para adaptar un servicio de gestión de riesgos a nuevos canales de venta. El riesgo es una variable fundamental en las dinámicas de negocio y lo que hemos descubierto es que la cultura del riesgo, es decir cómo nos comportamos o respondemos al riesgo, está cambiando en formas que contradicen los modelos de negocio de las aseguradoras.
El riesgo ya no no es una amenaza hipotética, sino una realidad presente y continua que se manifiesta en ciberataques, crisis climáticas, cambios regulatorios y disrupciones tecnológicas que no paran. El riesgo, por tanto, es una certeza en la que las empresas deben aprender a moverse. No se trata solo de encajar imprevistos, sino de incorporarlos mientras sigues en movimiento. El riesgo ya no es algo a lo que reaccionar en el futuro. Algunas organizaciones esperan que todo vuelva a la normalidad después de una disrupción, como si lo inesperado fuese un momento pasajero. Otras han entendido que la normalidad es el cambio, que el verdadero desafío no es evitar sacudidas, sino encontrar la manera de avanzar con ellas. Estas empresas no solo compran seguros, desarrollan su habilidad para adaptarse. Tal y como han verbalizado muchos CEOs, CSOs y CISOs con los que hemos hablado, «lo peligroso no es el riesgo en sí, lo peligroso es no salir reforzado». Lo que hemos aprendido es que las empresas que integran el riesgo a su actividad no solo sobreviven, sino que innovan, crecen y añaden valor intrínseco a sus activos y equipos.
Nosotros lo expresamos en una frase que nos ayuda a ver con claridad el tipo de innovación que necesitamos hoy: «bailar con los cambios sin perder el ritmo». En Soulsight abordamos la innovación como un proceso vivo con tiempo para resonar y consolidarse, que se resiste al principio de la inmediatez, pero sin detenerse, ni avanzar lento, sino con intención y propósito. No nos cansamos de bailar cuando la música es clara.
1) Quizá lo que llamamos transformación es más una sensación que un proceso. La sensación de estar en movimiento en una dirección diferente sin saber muy bien porqué o hacia donde.