PARTE 1: EL SISTEMA
El ser humano se ha relacionado desde siempre con la energía y siempre la energía ha estado relacionada con la alimentación. Somos energía. La comida es energía. Hemos sido capaces de descubrirla, modificarla y utilizarla desde hace miles de millones de años. Al principio la fuente principal de nuestra energía era el cuerpo: para poder cazar, utilizamos la energía de nuestro cuerpo como fuente principal. Nuestra energía y los recursos estaban equilibrados.
A lo largo de la evolución del ser humano (si no es que gracias a ello) fuimos descubriendo y utilizando otras fuentes de energía tal como es el fuego, la tracción animal, la fuerza del agua, el carbón que nos fueron posicionando como especies superiores al resto. Pero seguía estando en equilibrio.
La exponencialidad, ha sido un factor decisivo en la gestión de los recursos energéticos para la alimentación, está claramente explicada: “A mediados del siglo 19 durante la Revolución industrial, cuando se generó el uso del carbón y la máquina de vapor desembocó en un boom ferroviario y precedió al descubrimiento de los primeros yacimientos de petróleo. Desde entonces, la edad de la máquina térmica y de las tecno-ciencias ha sustituido hoy en día a la de las sociedades agrarias y artesanales. La aparición de la energía rápida y barata (traducida en transporte, alimentación global, etc) ha abierto las rutas comerciales y borrado las distancias. En el mundo industrializado, las cadencias de la automatización se han generalizado y los niveles de confort han aumentado de manera progresiva. Los avances en sanidad, higiene y alimentación han aumentado la esperanza de vida y reducido la mortalidad. Esto ha hecho que la población mundial que se duplica cada mil años ahora se duplique en un solo siglo”.
Cuando descubrimos la energía barata, fue cuando el ser humano cambió su relación con el medio al que ha pertenecido desde siempre: el medio natural. Desde los años 90’s entendimos que habíamos ya sobrepasado la carga del planeta. A partir de entonces, cada año, la humanidad en su conjunto consume más que un planeta.
¿Y qué ha pasado con esa “energía barata”? Que hemos obviado que al final es un recurso, es decir, que tienen un límite y al no estar en equilibrio con el medio, lo vamos poco a poco agotando. Somos demasiadas personas consumiendo demasiada energía. Un límite son recursos que por definición son no renovables. La comida es energía, la energía son recursos.
El tiempo y la sincronización juegan un papel decisivo en la gestión de los recursos. El océano, uno de los principales recursos que absorben Co2 de la atmósfera tiene la capacidad para absorber todo el Co2 que generamos hoy, pero no puede absorberlo en el tiempo en el que lo generamos (no damos tiempo a que lo absorba) y esto tiene que ver con que somos demasiadas personas en el mundo. Consumimos los recursos a un tiempo tan acelerado que no permitimos que los recursos puedan regenerarse por los ciclos naturales.
Un sistema resiliente es aquel que, cuando se ve sujeto a una alteración, sigue existiendo y funcionando esencialmente de la misma manera. El funcionamiento de los ecosistemas es lo que permite la prestación de muchos de los servicios que el medio ambiente le brinda a la economía.
Ante esto, nos surgen algunas preguntas:
¿Qué papel juegan las organizaciones en el sistema actual?
Nuestro sistema alimentario actual, ¿es resiliente?
Ante una posible escasez de recursos ¿Con qué energía creemos que se van a alimentar 9,700 millones de personas en el 2050?
¿Cómo podemos volver a acercarnos al sistema natural?
El decrecimiento ¿es realmente viable en las organizaciones?
Leonor Ruiz
Estrategia e innovación en Soulsight