PARTE 2: EL MODELO
Gracias a la energía barata y a la quema de combustibles fósiles la población ha dispuesto de una cantidad de energía que antes no teníamos y por ende nos ha permitido crecer también exponencialmente como especie. Nos ha permitido un desarrollo científico y tecnológico mucho mayor que en otras épocas y explotar los recursos de los que dependemos para vivir de forma más eficiente cada vez. Nos ha permitido crear un “modelo” de explotación de recursos del cual dependemos como especie.

Este modelo de uso de recursos finitos, ha supuesto también un aumento de emisiones de CO2 suficiente como para desestabilizar uno de los sistemas más importantes como es el sistema climático, además de la degradación del resto de sistemas como la tierra y recursos como los acuíferos, sobrepesca, deforestación y por ende contaminación.
Esto sucede fundamentalmente por un factor y es que cada vez somos más personas explotando unos recursos finitos en cada vez menor tiempo. Durante casi toda la historia de la humanidad, los seres humanos íbamos creciendo de forma lenta y mucho más equilibrada, sin embargo a partir del 1800, el crecimiento de la población se descontrola prácticamente en todo el mundo y pasamos por primera vez a ser más de 1.000 millones de habitantes. Pocos años después la velocidad se multiplica y no tardamos nada en superar los 2.000 millones, y mucho menos en doblar y triplicar la cifra. Se estima que seamos 10 billones de personas para finales de siglo y sin embargo el tamaño de la tierra sigue siendo el mismo.
Hace no muchos años el modelo era bastante diferente, las personas producían mayoritariamente su propia comida, se vendía de forma cercana y se comía por región y por temporada. No había productos empaquetados y no comerciamos entre países de forma tan masiva y rápida como lo hacemos ahora. Después, poco a poco las personas se fueron trasladando a las ciudades para trabajar en las fábricas, se fueron abandonando los campos y los que se quedaron utilizaron esas tierras vacías para seguir produciendo alimento. Porque estemos en donde estemos, tenemos que seguir comiendo y alguien tiene que sembrar esa comida. Fue entonces cuando los agricultores pasaron de tener una hectárea a tener 100 y más. Pasaron del modelo micro al modelo macro. Pero ahora ese modelo de producción también se está abandonando, cada vez hay menos agricultores produciendo nuestra comida.
En este modelo macro de producción agrícola, los agricultores tuvieron que comprar tractores, aprender a gestionar las plagas de forma masiva y a igualar el crecimiento de las cosechas para poder cosechar y vender todo de golpe (porque así es más rentable y así lo demanda el mercado). Se empieza entonces a normalizar el uso de fertilizantes químicos, insecticidas, plaguicidas, biocidas y utilizar semillas (genéticamente modificadas) que garanticen la producción, que produzcan más y en menor tiempo. Las semillas autóctonas están en peligro de extinción, se han dejado de sembrar y se han cambiado por semillas modificadas genéticamente, es decir que no podemos volver a sacar semillas para sembrar, dependemos de la modificación para poder sembrar. Esto quiere decir que si cogemos un tomate de semillas modificadas, le quitamos las semillas y las ponemos en la tierra, no va a producir absolutamente nada. Jugamos a ser Dios con nuestra comida y nos hemos hecho trampas.
Existen muchas variables que hacen que la producción macro, pese a ser extremadamente “rentable” para la humanidad y el modelo económico, resulte ser poco rentable para la naturaleza, como para las abejas (responsables de la polinización), para el suelo (que es también un recurso en extinción), para la contaminación (emisiones y basura) y para nuestra salud (ingerimos más productos químicos que antes). Por no hablar del problema del traslado de especies invasoras en los barcos y que acaban con ecosistemas enteros en otros países.
El suelo es un recurso y un sistema vivo limitado al que se le tiene poca consideración. La tierra no se puede cultivar para siempre. Cada vez que sembramos la tierra va perdiendo nutrientes y se erosiona, va muriendo poco a poco, sobre todo cuando son monocultivos extensos y no existe rotación de cultivos que favorezcan la renovación de nutrientes en la tierra. La tierra es un recurso finito que es la base de la vida. Los suelos sostienen la vida de millones de organismos vivos responsables de los procesos esenciales de la Tierra. Incluso son responsables de absorber una gran cantidad de Co2. De ahí la importancia de mantener la vida del suelo para promover ecosistemas saludables y el bienestar de la humanidad. Pero esto no es muy difícil de cuidar en un modelo macro.
¿Y el modelo micro? El sistema económico hace que el modelo micro sea inviable. El propio sistema te fuerza a producir de forma macro. ¿Sabías que a los apicultores locales no se les permite vender su miel excepto que cuenten con más de 15 colmenas, registro de explotación ganadera, cumplimiento de medidas y distancias y registro sanitario? ¿Sabes a cuánto se paga a un productor el kg de naranjas? ¿O cuánto tiene que producir un agricultor de tomate para que le sea rentable o poder vivir de ello? El precio le ha ganado la batalla al valor.
Por eso cuando se habla de “soberanía alimentaria” es necesario entender exactamente lo que es. Como nos ha sucedido con muchos otros términos, la soberanía alimentaria se está utilizando sin cuestionar el modelo macro y agroganadero existente en el cual vivimos hoy.
El origen del término surge hace 25 años bajo el paraguas de “la vía campesina” que eran un grupo de organizaciones de todo el mundo que estaban en contra de mecanismos de desmantelamiento de micro producciones, de subvenciones a exportación y muchos otros patrones de libre comercio que son mecanismos para mantener los privilegios de micro productores y aniquilar el modelo micro.
La soberanía alimentaria rechaza firmemente el modelo agroganadero derivado de las políticas globales de libre comercio y producción. Por ejemplo, rechaza la ganadería industrial vinculada a base de dietas insostenibles y dependiente de importaciones masivas de materias primas para la alimentación animal producidas en monocultivos deforestadores, como la soja, el trigo o el maíz.
En cambio, el término propone volver a conectar el consumo con el territorio donde se produce para poder aprovechar al máximo las posibilidades y no degradar ni el territorio ni crear emisiones. Así nos habíamos estado alimentando históricamente en muchas comunidades, a través de modelos agro ganaderos y huertistas de producción ecológica y también kilómetro cero (tan mencionado hoy). Es decir, propone de nuevo un modelo micro.
Estamos obsesionados con el progreso, durante años hemos creído que el progreso es comer más cosas, más rápidas, en menos tiempo. Hemos creído que el progreso sí o si tiene que ver con lo tecnológico y no con lo natural. Se nos ha olvidado que para que nuestra especie progrese, tienen que progresar el resto de sistemas a los cuales pertenecemos y nuestro modelo los ha destruido, los ha modificado a tal punto que nuestro progreso es también nuestra extinción.
Esto ha modificado nuestra forma de ver el mundo, de entender cuál es nuestro papel en el sistema y de construir un modelo que sea igual para todos (para todos los sistemas). La forma de ver el mundo construye cultura y narrativas. Durante años nos han contado la historia de que somos superiores, de que somos invencibles, nos ha hecho creer que estamos fuera de la naturaleza y del resto de sistemas y por eso nos cuesta tanto ver la realidad, ver la historia y ver alternativas futuras.
Ante esto, nos surgen algunas preguntas:
¿Es posible cambiar nuestro estilo de vida bajo el modelo macro?
¿Cómo podríamos vivir de forma micro y local en las ciudades?
¿Es momento de desintensificar la agricultura y la ganadería?
En la transición a vehículos eléctricos ¿cómo van a operar los tractores?
¿Qué entendemos hoy por “vivir bien” y que era antes?
¿Comemos mejor o peor que antes?
¿Si se sigue abandonando el campo, quién va a producir los alimentos?
En un escenario de escasez energética ¿cómo va a funcionar la producción masiva de alimentos?
Leonor Ruiz
Estrategia e innovación en Soulsight