PARTE III: LOS ELEMENTOS
El sistema que sustenta los modelos no existen por sí mismo, sino que es la suma de muchas pequeñas partes que lo conforman. En el sistema complejo en el que vivimos, la sociedad (es decir, cada una de las personas) somos piezas clave para que el modelo funcione. Cada uno de nosotros cumple una función fundamental para que el motor siga funcionando. Y no solamente las personas, también los animales y las plantas.
Desde la revolución industrial, las personas empezaron a ser parte del modelo de producción, de hecho el hombre junto con la máquina potenciaron la industrialización y ahora la digitalización de la producción y el sistema capitalista. Ahora no podemos salir de él. El sistema económico está integrado en el resto de sistemas con los que convivimos (sistemas naturales, sociales, etcétera) y es un sistema único y global.
Para que un sistema complejo global (y técnico) funcione, es necesaria la homogeneización de la producción, la distribución y el consumo para que esté todo integrado.
Como veíamos en anteriores reflexiones, las máquinas y la energía barata nos han permitido ampliar nuestra capacidad de consumo y de producción. Ahora podemos trasladar productos de un sitio del mundo a otro a una velocidad que nunca nos hubiéramos imaginado. Disponer de cosas de cualquier lugar del mundo hace que poco a poco seamos una sola cultura en lugar de muchas, se homogeneiza la sociedad, se homogeneiza la cultura.
Un sistema sin diversidad (homogéneo) es poco resiliente porque un sistema natural o cultural cuanto más diverso más capacidad de adaptación tiene. soluciones adaptativas puede ofrecer. La homogeneización cultural ofrece menor capacidad de adaptación a los cambios. Cuando se apuesta por un mismo modelo sin tener diversidad, hace que si falla lo pierda todo.
Con el sistema económico que hemos desarrollado, cien ecosistemas se convierten en un solo ecosistema y esto obliga a la especialización. Ahora nos hemos dado cuenta que durante años cada país se ha ido especializando en la explotación de ciertos recursos energéticos. Nos hemos vuelto interdependientes unos de otros y nos hemos especializado. Ante la crisis que se nos presenta hoy, vemos con desesperación como, todavía hace muy poco tiempo, teníamos más autonomía local y por ende más diversidad y resiliencia.
Para que un sistema complejo global (y técnico) funcione, es necesaria la homogeneización de la producción, la distribución y el consumo para que esté todo integrado.
Para ser más clara, por ejemplo tener una solución de potabilización de agua distinta entre dos regiones puede ofrecer soluciones a un problema de sequía, en cambio si todos tenemos el mismo sistema de potabilización de agua y falla, lo perdemos todo.
La centralización energética es otro ejemplo, la apuesta por un sólo sistema energético es un error ya que un fallo en el mismo puede ocasionar un colapso energético sistémico como el que vivimos hoy al haber apostado por el petróleo y los combustibles fósiles. O la apuesta por los grandes parques solares o eólicos en lugar de la descentralización de la energía y la diversificación de la producción de la misma.
El momento que estamos viviendo hoy es una oportunidad para reflexionar y para actuar. Existen variables que hacen que los sistemas complejos fallen. Las civilizaciones son sistemas complejos que en muchos períodos históricos han colapsado. Reflexionar y analizar la desaparición de civilizaciones puede decirnos cuánto riesgo enfrentamos hoy y desgraciadamente las señales han empeorado.
Así concluyó el historiador Arnold Toynbee en su obra magna de 12 volúmenes A Study of History. Fue una exploración del ascenso y la caída de 28 civilizaciones diferentes.
Tenía razón en algunos aspectos: las civilizaciones son a menudo responsables de su propio declive. Sin embargo, su autodestrucción suele ser asistida por otra serie de factores externos (como pueden ser el cambio climático o situaciones naturales inesperadas como la erupción de un volcán).
Si bien no existe una única teoría aceptada de por qué ocurren los colapsos, los historiadores, antropólogos y otros han propuesto varias explicaciones, que incluyen: cambio climático, degradación medioambiental, desigualdad y polarización social, la propia complejización del sistema y factores externos. Hoy las cumplimos todas.
Ante esto nos surgen algunas preguntas:
¿Cómo podemos dejar de depender y ser autosuficientes en recursos energéticos?
¿Somos conocedores de cosas que se producen en nuestro entorno para poder consumir de forma local?
En un momento de escasez de agua, ¿qué podemos hacer? ¿sabes cual es el manantial más cercano a tu casa y si es potable?
¿Cómo podemos contribuir a recuperar la diversidad y recuperar nuestra cultura?
¿Cuándo y cómo podemos dejar de pensar en energía únicamente como producción de bienestar para hacerlo en alimentación y resiliencia?
Leonor Ruiz
Estrategia e innovación en Soulsight
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