Llevamos ya varios años hablando de energías renovables. Sin embargo, con el auge de la inteligencia artificial, este y otros muchos temas han pasado a un segundo plano. Así es como funcionamos. No obstante, podríamos coincidir en algo fundamental: absolutamente toda nuestra vida es posible gracias a la energía y en el contexto actual el mercado energético está atravesando una transformación profunda en donde aparecen constantemente situaciones y contextos inesperados, como la excesiva producción de energía o el alto consumo de la IA y preparar un sistema energético complejo para lo inesperado, es algo que va mucho más allá de lo que nos imaginamos o leemos en los periódicos.
La transformación energética que estamos viviendo afecta a varios niveles: la infraestructura, los actores implicados y los sistemas y sus interrelaciones.
- Infraestructura, porque el mercado energético, desde el punto de vista estructural, aún no está preparado para los desafíos actuales. No está listo para gestionar la disparidad en la producción energética, los picos temporales de consumo, la participación ciudadana, entre otros aspectos. Se está trabajando en ello y hay mucho dinero nacional y europeo en ello, pero aún no está listo.
- Actores, porque no hay estructuras sin quienes las conforman. Hace unos años hablábamos solo de distribuidores, agregadores y operadores del sistema. Hoy, además, hablamos de gestión de paneles solares, de participación ciudadana activa y de flexibilidad energética.
- Sistemas, porque el mercado energético español opera como un sistema complejo, con nodos, conexiones e interconexiones que ya no solo responden a cuestiones estructurales, sino también al mercado económico, a las negociaciones y a la compraventa de energía.
A esto se suma la presión de los objetivos europeos de electrificación de las ciudades para 2030, que están fomentando un crecimiento desigual. Por ejemplo, hay muchos más coches eléctricos que puntos de recarga, o los hogares generan más energía de la que pueden almacenar. Este desequilibrio no solo afecta a la producción y el consumo, sino también al mayor reto de las renovables: la cantidad de recursos y materiales que requieren. Estos materiales son escasos en nuestro país y su extracción provoca desigualdades sociales, pobreza y muertes en los países de origen.
Tres lecturas sobre la transición energética
- El sistema energético es extraordinariamente complejo. Es una red viva donde cada decisión técnica, política o económica tiene un impacto en cadena. No es solo una cuestión de generación y consumo. Involucra redes de transporte, distribución, regulaciones nacionales y europeas, mercados de electricidad, tecnologías emergentes, actores públicos y privados, y, por supuesto, la ciudadanía. Cada pieza está interconectada: un cambio en la demanda, una nueva fuente de energía renovable o una política energética puede alterar todo el sistema. Entenderlo requiere una mirada sistémica y colaborativa.
- Es un sistema seguro, pero no es perfecto. La resiliencia energética es fuerte, pero también enfrenta retos serios ante el cambio climático, la digitalización y las nuevas demandas sociales. Afortunadamente, vivimos en un contexto donde la energía fluye con fiabilidad, pero eso no significa que no haya riesgos. Las olas de calor, los picos de consumo, las tensiones geopolíticas o los ciberataques ponen a prueba esa seguridad. Además, aún existen desigualdades en el acceso y la asequibilidad de la energía, y grandes retos en términos de sostenibilidad y eficiencia. Es un sistema robusto, pero que necesita evolucionar constantemente para no quedarse atrás.
- Está en constante transformación. Estamos viviendo una transición energética sin precedentes. La electrificación de la movilidad, la descentralización de la producción (como los autoconsumos), el auge de las renovables o el empoderamiento del consumidor son solo algunos ejemplos. Esta transformación no solo implica tecnología: también requiere nuevas formas de gestionar la demanda, adaptar infraestructuras, repensar los modelos de negocio y, sobre todo, fomentar la cooperación entre sectores.
La innovación tecnológica va de la mano de cambios sociales: nuevos modelos de consumo, nuevos perfiles profesionales, y nuevas formas de entender la energía. Creo que aprender y entender cómo funciona la energía no es solo cosa de ingenieros. También es una cuestión de cultura, comunicación, de colaboración multidisciplinar y sobre todo de ética personal y organizacional.