Si las palabras construyen realidad, para entender a las personas (especialmente a las generaciones más jóvenes), tenemos que entender su lenguaje, su idioma. No porque esté de moda, sino porque ese lenguaje revela cómo piensan, cómo priorizan y cómo deciden, es decir la cultura del momento.
Si miramos el pasado reciente desde lejos y sin ponernos académicos, veremos cómo cada década dejó huellas lingüísticas que revelaban cómo decidíamos:
- Los 80: me mola, me flipa… decisiones más emocionales, más de libertad.
- Los 90: me raya, lo peto, qué chungo… la comparativa social y el estatus entraban en escena.
- Los 2000: TQM, LOL, friki… ritmo acelerado y búsqueda de tribu.
- 2010: random, epic fail, cringe… decisiones más contenidas, más prudentes, más miedo al ridículo.
Expresiones en las que no voy a profundizar más, y que darían para al menos otro artículo, porque quiero centrarme en el aquí y ahora, en nuestro momento.
¿Dónde estamos hoy en día?
Claramente entre todas las expresiones clave hay una que, aunque aparentemente simple, encapsula toda una lógica de pensamiento contemporáneo: me renta.
Porque «me renta» no es solo una expresión juvenil. Es la síntesis perfecta del pensamiento del consumidor actual.
Es una forma directa, práctica y casi matemática de evaluar la vida cotidiana.
Cuando alguien dice «me renta», no está hablando de dinero… que también.
Está hablando de compensación, beneficio, sentido, valor.
Es una ecuación mental que combina tres dimensiones:
- Transaccional: ¿qué me cuesta en dinero, tiempo o esfuerzo?
- Emocional: ¿cómo me hace sentir esta elección? ¿Qué dice de mi?
- Experiencial: ¿qué tan fácil, cómodo o agradable es?
El consumidor a través de estas tres dimensiones evalúa, compara y ajusta para decidir, es su lógica de pensamiento actual y su pregunta guía es sencilla: ¿Me renta o no me renta?
Y lo fascinante es que este filtro lo aplican, conscientemente o no, millones de personas cada día: para comprar, para elegir una marca, para contratar un servicio, para decidir si ir a un evento o quedarse en casa.
Me renta o no me renta y punto, es la pregunta que se hacen hoy en día en cualquier transacción o relación los consumidores, las personas.
¿Y qué puedo hacer como empresa?
Tener muy claro que has de rentar, que ese es tu terreno de juego y que te van a comparar en esta lógica contemporánea del rentar.
Ahora bien, tú elección o decisión estratégica reside en qué quieres rentar, y ojo has de rentar más que otros en lo que elijas, ya sea en producto, en precio, en servicio, en experiencia, en relación … y esto requiere una reflexión profunda y honesta de tu propuesta de valor, de tu estado actual de compañía y lo que quieres ofrecer, de dónde te quieres posicionar.
Es decir, analizar y definir tu propuesta de valor a través de lo que hemos diseñado como la «Matriz Me Renta» que combina pasado, presente y futuro cercano con las 3 dimensiones mencionadas anteriormente; transaccional, emocional y experiencial, para entender tu capacidad real de rentar.
- Pasado: lo que la marca ha construido y por lo que se la conoce. Lo que ha sido hasta ahora. Por lo que la gente cree que rentan.
- Presente: su desempeño real hoy. Lo que realmente están ofreciendo hoy. Sin adornos. Por qué rentan de verdad.
- Futuro cercano: la dirección estratégica en la que se quiere rentar más (o distinto). Por lo que sí o sí deben y quieren rentar.
Y además entendiendo el contexto, el terreno de juego en el que compites, identificando en qué rentas más que tu competencia, en qué no rentas de manera suficiente o en qué podrías rentar con muy poco esfuerzo adicional.
Y a partir de aquí declinar la propuesta de valor en todos los puntos de contacto, y activar un cuadro de mando sencillo con foco en lo que renta.
Y el único camino para rentar es comprender al consumidor.
El consumidor siempre deja pistas: en su comportamiento, en los momentos de uso, en sus micro decisiones, en sus frustraciones, en lo que repite y lo que evita.
En cada interacción se puede leer si algo le renta o no.
Descubre qué le renta a tu cliente, consumidor, persona. Hay patrones comunes y patrones propios de cada sector, pero todos dejan señales claras si sabes observar los comportamientos, los momentos y las ocasiones.
La clave es simple: entender, entender y entender para comprender de verdad al consumidor y saber qué le renta.
Y ahora…
¿Te renta un café?