Para los que nos dedicamos a la investigación y también para las mentes curiosas, a veces los puentes o vacaciones en donde vamos a tener la oportunidad de encontrarnos con un grupo de personas, son para nosotros un regalo, casi como hacer un focus group pero un poco más divertido. Esta fue mi experiencia. Llevaba días pensando en que me parece increíble no solamente la cantidad de modelos de negocio que hay hoy en día, sino también lo rápido que evolucionan.
Sumado a esto, me vi un capítulo de la serie Black mirror (espero no hacer mucho spoiler) en donde una mujer, tras sufrir un parálisis cerebral, es operada de forma «gratuita» para implantar un chip en su cerebro que tras una módica cuota le iba a permitir tener una vida normal. Y fue así hasta que le empezaron a meter anuncios y para ello tenía que pagar un poco más. Después dormía demasiado y tuvo que pagar un poco más. Para finalmente pagar para poder aumentar sus capacidades sensitivas y tirar a la basura su vida por no poder pagar más.
Con este pensamiento, me aventuré a preguntar a personas con las que me crucé esta semana, sobre cuáles pensaban que eran los modelos de negocio más novedosos y los que más habían cambiado.
Evidentemente la pregunta no era directa, siempre surgía dentro del marco de cualquier conversación familiar o amistosa que diera pie a ello. Las respuestas, pese a no ser muy novedosas, es cierto que son tan evidentes y muchas veces dolorosas que terminaban acaparando la conversación durante un buen rato. Los más mencionados y/o repetidos fueron los siguientes:
1. Educación: el coste silencioso de criar y formar
Frente al deber que lleva implicada la educación, es cierto que se ve cada vez con mayor frecuencia la cantidad de micro pagos que sin darte cuenta por la vorágine del día a día vas desembolsando en aquella institución que has elegido para llevar a tus hijos.
¿Dónde está lo no-evidente? En la poca conciliación familiar y la separación que hay entre el sistema educativo y el sistema laboral que permite sostener al sistema educativo.
Para no hacerlo complejo: tenemos que trabajar para pagar la educación de nuestros hijos y para ello tenemos que trabajar cada vez más horas, pagar muchas veces ayuda externa y los colegios cada vez más cobran por ello. Si los tienes que llevar antes de la hora, cobrar. Si tienen que comer algo especial, cobrar. Si tienen que hacer una excursión cobrar. Y si quieres que se queden más tarde por la tarde cobrar, pero si además quieres que vengan con los deberes hechos, pues un poco más.
2. El hogar: la trampa de la obsolescencia programada
De pronto tener una caldera ya no es lo mismo que hace 10 años. Con los altos precios que se manejan en los electrodomésticos actualmente, cambiar una caldera ya no es cualquier cosa. Y ya tampoco duran lo mismo que hace 10 años.
¿Dónde está lo no-evidente en este modelo? En la obsolescencia.
Compramos cosas, que están hechas para durar poco, y como sabemos que van a durar poco, pagamos constantemente cuotas de «seguro» por ellas, que probablemente resulten más caras que comprar un aparato nuevo. Indistintamente estamos metidos como un hámster en una rueda infinita en modelos como este en donde mes a mes, ahora no solamente Netflix o Spotify, sino también tu caldera forma parte de tus micro-gastos domiciliados en la tarjeta que a unos más y a otros menos, nos van haciendo un agujero económico.
3. Movilidad: alquilar lo que antes era nuestro
Aún recuerdo cuando el renting no era algo tan común. Cuando en aquella época analizábamos las «tendencias» de los consumidores, el renting era algo que daba respuesta a la necesidad de no poseer bienes materiales que se podían compartir (BlaBlacar, Uber en sus inicios) o alquilar. Era un poco impensable alquilar un coche para temporadas largas, mucho menos para siempre, pero poco a poco fue siendo posible.
¿Dónde está lo no-evidente en este modelo? En el encarecimiento de la industria del automóvil.
Antiguamente te compensaba poseer un coche aun pagando seguro, gasolina y roturas. En cuanto los precios empezaron a subir, de pronto si hacías los cálculos (las empresas de renting lo hacen muy bien) te salía más barato pagar una cuota de 400 euros al mes que tener un coche en propiedad. Pero claro, una vez metidos en el renting es todo empezar. Cuando se termina tu periodo de renting, el vehículo que entregas, pese a que solamente tiene dos años, se ha devaluado un porcentaje tan alto que te sigue compensando tener otro nuevo. Y con tu moto pasa lo mismo. ¡Pero es que quiero mantener mi moto! Nos acostumbraremos a no decir: es «mi» moto, y simplemente decir «la» moto.
4. Entretenimiento: de contenido infinito a pago infinito
La industria del entretenimiento fue de las primeras industrias en innovar con modelos de negocio diferentes. En el uso masivo de internet de pronto todos podemos acceder a cualquier tipo de información y entretenimiento, desde cualquier sitio, a cualquier hora. Era evidente que esto iba a tener un coste. Recuerdo cuando se empezaron a poner las «suscripciones» a los periódicos nacionales más leídos. Y cuando Netflix era una plataforma gratuita durante tres meses pero después tenías que pasar a un pago mensual con la ventaja de poder tener varios perfiles y compartirlos con tu familia. Todo esto ha ido de más a más. En ambos ejemplos, aún pagando, cada vez hay un upgrade que tienes que pagar para cubrir una supuesta necesidad que tenemos. De pronto aunque estés suscrito a tu periódico favorito pagando tu cuota mensual, siempre hay un contenido todavía más premium que te hace pagar un upgrade o pagar por el contenido. Amazon prime también sucede: pagas un prime (bastante más caro que al inicio) anual que te permite acceder a «todo» pero siempre hay cosas, normalmente las más llamativas o urgentes, que te hace tener que pagar un poco más aún.
¿Dónde está lo no-evidente en este modelo? Que nos hemos vuelto adictos a la información, al contenido, a los aparatos y al supuesto «entretenimiento» que nos hace «desconectar» de esta vida que estamos viviendo aún no sabemos para quién.
Lo realmente revelador de estas conversaciones, que repito, fueron fruto de conversaciones con distintos perfiles, no es sólo cómo han cambiado los modelos de negocio, sino a dónde nos están llevando. Nos enfrentamos a una economía que funciona a base de cuotas, de permanencias, de microdecisiones que, acumuladas, consumen nuestros ingresos y nuestro tiempo.
La pregunta no es si estos modelos son buenos o malos, sino:
- ¿Nos permiten vivir mejor o simplemente consumir más?
- ¿Elegimos conscientemente o aceptamos un poco sin cuestionar?
- ¿Estos nuevos modelos, son más justos, flexibles e inclusivos o lo son cada vez menos?
Pensar en esto no es solo un ejercicio intelectual, sino una invitación a replantear nuestra relación con el consumo, el trabajo y el tiempo. Tanto como consumidores, como diseñadores y líderes de marcas y sectores. Al final todos somos personas, ¿no?