La ley de la entropía de un sistema podría resumirse como el nivel de desorden de los elementos que la componen. Todos los procesos que ocurren en el universo se realizan de manera que siempre aumenta el grado de ese desorden. Las transformaciones que suceden entre plantas, energía y seres vivos aumentan la entropía total del sistema y de su entorno. Todos los organismos vivos, ya sean bacterias, plantas o animales, extraen energía de sus alrededores, por ejemplo, obtienen energía de la combustión de materia orgánica para aumentar y mantener su compleja organización. Por esta razón en los seres vivos disminuye la entropía, pero ese orden de sus componentes, esa disminución de la entropía se mantiene aumentando la entropía a su alrededor.
Análisis de sistemas complejos y su colapso
Si analizamos el sistema que hemos creado y el modelo que hace que ese sistema funcione y crezca, veremos que es altamente complejo. Numerosos antropólogos, sociólogos, historiadores, así como multitud de disciplinas que comprenden el análisis del ser humano, han abordado las formas en las que los sistemas se forman y también se desintegran. Desde el inicio del pensamiento complejo y el pensamiento de sistemas, se ha utilizado el término «colapso» refiriéndose a la forma en la que tienen los sistemas complejos a descomplejizarse, por ser inviable en el tiempo el mantenimiento de su estructura y porque pueden corresponder a situaciones cíclicas.
Una forma de analizar (en este caso un sistema) es descomponerlo en sus elementos y ver cuáles de ellos ponen en riesgo al sistema total por la forma en la que operan. Tal como se explica en filosofía, razonar es intentar ir del todo a las partes, descomponer y definir las partes que conforman el todo. De hecho, definir es descomponer algo en sus últimos elementos y la racionalidad significa movimiento de reducción.
El modelo alimentario actual y sus desafíos
Como dijo Ortega y Gasset, «el papel de la razón no es únicamente entender el contexto de lo que consideramos real y guardarlo en nuestra mente, sino también “crear modelos” según los cuales las cosas han de conducirse». En lugar de analizar ideas o cosas, construir los ideales a los cuales estas ideas deben acoplarse.
Para analizar, reflexionar y después poder construir, vamos a definir la situación en la cual se encuentra nuestro modelo alimentario, que es en realidad nuestro modelo vital, cuáles son los elementos que la modifican y que están más afectados hoy y a preguntarnos: ¿en qué momento nos encontramos y qué factores afectan al modelo y al sistema de alimentación con el que hemos estado viviendo los últimos años?
- Energía: el precio de los combustibles para la producción y transporte de la alimentación (crisis energética).
- Efectos climáticos: falta de estabilidad en el clima y daño de los cultivos y formas de producción.
- Interdependencia: la interdependencia que permitió un crecimiento económico global nos ha hecho menos resilientes y más dependientes unos de otros.
- Cultura: el auge tecnológico y el concepto de innovación ha hecho que olvidemos formas tradicionales eficientes de producir alimentos.
- Estilos de vida: el hacinamiento en ciudades, la forma en la que comemos (productos de muchos países), la movilidad, la cantidad de personas en el mundo, entre otros, hacen que otras formas de consumo más sostenibles sean inviables.
Desinformación y desigualdad en el sistema alimentario
Y, sumado a estas variables, existen dos factores más que consideramos relevantes para el sistema alimentario ya que afectan a otros anteriores y son, por una parte, que vivimos en una época de absoluta desinformación, una era en la que tenemos más información que nunca, pero nunca ha estado tan manipulada. La veracidad de la información hoy se pone en duda hasta de las fuentes que siempre han sido fieles a la verdad. Esto afecta a las decisiones que toman los productores, los consumidores y por tanto al estilo de vida que hace que nuestro modelo no sea el óptimo. Y, por otra parte, la desigualdad localizada, el sitio en donde se producen los alimentos está olvidado, las formas de vida anteriores están machacadas y estamos apostando únicamente por un tipo de modelo que no es ni igualitario, ni inclusivo, ni justo. Se diseñan soluciones y alternativas de las ciudades para las ciudades, descontextualizadas y desiguales.
La pérdida de sentido en la sociedad actual
¿Y somos conscientes de ello? En el libro de Buyng-Chul Han, El aroma del tiempo, se explica cómo la aceleración que vivimos hoy no es realmente una aceleración real en el tiempo, sino una dispersión o una pérdida de sentido. El sentimiento que tenemos hoy de que la vida va mucho más rápido que antes es, en verdad, un síntoma de que el tiempo va dando tumbos sin sentido alguno. Y esto sucede porque para que nosotros sintamos que algo tiene una temporalidad esto tiene que tener un inicio y un fin, y hoy vivimos en una época (sobre todo por la digitalización) en que las cosas no terminan nunca. Lo que dura es lo que va adquiriendo significado y, sobre todo, una experiencia. Lo efímero no, y no nos hace ser más conscientes, sino todo lo contrario. Pero esta velocidad no es lo que impacta, sino la inestabilidad de la trayectoria que nuestro tiempo tiene hoy.
La sociedad actual —y también las organizaciones— viven en un estado de pérdida de sentido provocada entre muchas otras cosas por esta fragmentación del tiempo y de la pérdida de sentido. La ansiedad es la enfermedad de este siglo y cuesta trabajo pararse a entender por qué si vivimos «mejor que nunca» nos sentimos así. «Cuando el corto plazo, cada vez más común, desplaza a una praxis vinculadora a largo plazo que sería, a su vez, una forma de “final”, aumenta la atemporalidad, reflejada en el ámbito psicológico como angustia e inquietud». 1
La necesidad de una nueva narrativa
No podemos ser conscientes de lo que nos pasa en una época que ha perdido su sentido. Estamos apalancados en una forma de vida que sabemos que tenemos que modificar. Y el movimiento, ese cambio que tenemos que hacer, no va a generar un desorden, sino un nuevo orden. El modelo y el sistema actual necesitan una nueva narrativa y un nuevo orden.
Es importante y también necesario que hablemos de ello, que seamos conscientes y capaces de entre todos reformular nuestra historia. Tenemos que elegir no la vida que queremos, sino la que tenemos que vivir, es decir, con carácter de necesidad. Como dice Ortega y Gasset, «el hombre es novelista de sí mismo. Y cuando a un pueblo se le seca la fantasía para crear su propio programa vital, está perdido». 2
1 Byung-Chul Han. El aroma del tiempo. 2009.
2 Ortega y Gasset. El tema de nuestro tiempo. 1923.