Nace una buena idea con identidad propia.
AirBnB nace en San Francisco con el propósito de rentabilizar espacios en las casas con alquileres asociados a cierto Culture Fit y bajo el formato Bed and Breakfast… También daba salida a un hábito propio de otras ciudades como Nueva York: aquel de prestar las casas para que les cuiden las mascotas o plantas mientras los dueños salen de vacaciones. sin olvidar el propósito de aparentar y mostrar una identidad con buen gusto por parte de los mismo dueños y conocer a gente interesante con los mismo gustos. Y no hacerlo gratis por supuesto.
La idea funciona tan bien que pronto se exportó a otras ciudades ampliando servicios y posibilidades de relación… Así hasta llegar a ser un servicio mundial ofrecido a otras identidades colectivas en el globo que poco tienen que ver con la de San Francisco, que por ejemplo acaba de prohibir el uso de cámaras de video en las calles, mientras en el resto de capitales se empeñan en reforzar la seguridad a través de computer vision.
Una buena idea cambia ante una nueva identidad: Madrid.
Airbnb se volvía así en una solución digital para numerosos problemas que generaban impredecibles oportunidades. Pongamos el ejemplo de Madrid… con una amplia red de pisos vacíos en alquiler en el centro de la ciudad, la aplicación pronto se vuelve una solución para dar salida a ese capital inmobiliario, en confrontación directa con una enorme gama hotelera propia de una ciudad que depende en parte del turismo: vacacional, cultural o de negocio.
Pongamos además que Madrid haya alcanzado cierta notoriedad y aumenta la inmigración temporal, estudiantes y profesionales de alto grado que quieren vivir una experiencia segura y diversa en Europa ha encontrado en Madrid pisos recién remodelados en barrios del centro cerca de monumentos, actividades de ocio y culturales alternativas. Y todo por un precio que compite a la baja con la oferta hotelera. La aplicación acaba definiéndose como el mayor hotel del mundo aunque no sea dueño de ninguna habitación.
El impacto económico es evidente,… pero lo peor es que la seña de identidad de la aplicación, aquella de gestar una relación de habitabilidad desaparecía. Ahora es una herramienta de alquiler. La identidad de los habitantes de Madrid y sus pisos se ven expuestos positivamente, pero cada vez en menos casos porque pronto los fondos financieros de real state decidieron hacer negocio y convirtieron los pisos en el centro en un imposible solo al alcance de bolsillos de fuera, inundando la aplicación y repercutiendo directamente en el precio del alquiler, que pasaba de largo plazo a medio o simplemente vacacional.
La indiferencia hacia las distintas escalas e identidades de negocio, ciudad y ciudadanos transformaba un ecosistema económico y ponía en serios apuros a la industria hotelera. Planteándose incluso una nueva legislación en España y sus ayuntamientos. Y llego el COVID al mundo y a Madrid.
La identidad y sus relaciones cambian ante lo inesperado: COVID 19.
Con la pandemia, las dificultades de viajar, la falta de seguridad y las restricciones de cada estado o ciudad han convertido el turismo en una entelequia. Todos los fondos y particulares que deseaban explotar al máximo el alquiler vacacional se han visto obligados a alquilar cada vez más a la baja y a la larga, y en Madrid vivimos una situación extraña: un centro de la ciudad deseada pero por ahora despoblada y en intermitencia, que en un año ha pasado de tener casas llenas de turistas en forma de grupos de amigos o familias deseando vivir en el centro de la identidad obvia madrileña a tener que buscar alquilados a medio-largo plazo por casi un 40% menos del coste del alquiler preCOVID.
Como un acordeón la escala se modula atendiendo a diferencias o igualdades identitarias, sin olvidar nunca que están fundamentadas en modelos de relación tanto individual como social, económica o cultural. Y que por supuesto no se ven amparadas por el caos natural… una pandemia, un temporal de nieve, una ola de calor extremo…
Pedro Enriquez de Salamanca (Furby)
Estrategia e innovación en Soulsight