¿Quieres saber cómo esta empresa ha crecido un 200% durante la pandemia?
¿Aún no conoces la receta para escalar tu negocio al ritmo de Facebook o Amazon?
¿Sabías que el growth hacker es la profesión del futuro?
¿Todavía no eres la empresa de tu sector que más vende y capta más clientes nuevos?
Pues en este artículo no encontrarás la respuesta. Y probablemente en ninguno de los programas y cursos que ofrecemos desde Soulsight y Wander. ¡Sorry!
Todas estas preguntas son fruto de un ansia sin límite que, lamentablemente, está presa en un mundo finito y limitado: nuestro planeta tiene 149.300.000 km² de superficie y 6.371 km de radio. Ni más, ni menos.
Si todos los habitantes del planeta tuviéramos esa mentalidad, seríamos caníbales porque llegaría un momento en que no tendríamos espacio para todos. Lo mismo pasaría en el mundo de las empresas. Acabaríamos comiéndonos a los clientes del otro (y es algo bastante frecuente en ciertos sectores) porque no nos podemos inventar más personas y las que hay tienen el tiempo que tienen para consumir. De los recursos me imagino que no hay que dar mucha más explicación…
Con la llegada de la pandemia, occidente ha recibido un tortazo en la cara. Para bien o para mal, a nosotros no nos ha tocado sufrir las consecuencias de las guerras o del cambio climático que se están viviendo ahora. Y lo que sí nos pasó en el pasado, parece que ya se nos ha olvidado. Los desafíos que nos pide el mundo hoy requieren de colaboración porque nos afectan a todos, y no competición.
Me suele inspirar mirar a la naturaleza y sus ecosistemas cuando se habla de este término, porque es el mejor ejemplo de un modelo de colaboración sostenible a largo de los miles de millones de años de existencia de nuestro planeta. Nada en la naturaleza crece de manera infinita, todo ser viviente lleva inscrito en su ADN su tamaño y longevidad. Incluso es consciente de su escala y del espacio que habita y se adapta a ello. Esto lo podemos ver cuando vamos a la pescadería: lubina de piscifactoría: 20cm, lubina salvaje: 65cm. La naturaleza tiende al equilibrio, no a la expansión o dominio, y un equilibrio que da sentido a la existencia de cada individuo. Las diminutas abejas son tan importantes como los grandes árboles que limpian nuestras emisiones de CO2, porque sin uno no existe el otro. La extinción de las especies es algo que se daba y da de manera espontánea, excepto numerosas excepciones en las que nosotros hemos incidido deliberadamente. Porque los propios ecosistemas van evolucionando y adaptándose a los cambios. Al final ese equilibrio que se busca no es más que el bien común entre todos los seres vivos existentes y los que están por venir.
Ante esa premisa, ¿nos hemos preguntado alguna vez como empresa cuál es nuestro tamaño ideal o cuánto tiempo tiene sentido que existamos?
Si nos hacemos más grandes de lo que deberíamos, nos volvemos lentos, torpes y tenemos más probabilidades de morir antes de tiempo. Eso les pasó a los grandes marsupiales en Australia o las gigantescas águilas de Nueva Zelanda de 4 m. Los canguros que hoy viven ya no miden 3 metros, porque eran más fáciles de cazar que las escurridizas presas más pequeñas. Tiene pinta de que a Kodak o Nokia les debido de pasar algo parecido. Si nos quedamos demasiado pequeños, seremos el “animal” más débil y no sobreviviremos en nuestro entorno, como lamentablemente si le ha pasado a muchos comercios de barrio.
Lo importante es alcanzar el tamaño y longevidad que tiene sentido para nuestra existencia y la de los demás. Prácticamente no hay instituciones con más de mil años… Pero se puede ser muy próspero en un tiempo limitado de vida, y sino que se lo digan a The Beatles que solo necesitaron 10 años.
Y entonces, ¿porque existe en nosotros como especie ese afán por lo infinito? Me atrevo a afirmar que es parte de nuestra esencia como ser humano y por tanto de nuestra naturaleza. Pero, en mi opinión, lo enfocamos y canalizamos mal, ya que buscamos un crecimiento infinito en el ámbito material en un mundo que es finito en recursos. Pero somos una gran especie con conciencia, alma e inteligencia y podemos canalizar esa sed de más hacia nuestro mundo interior.
Hoy por hoy, no conocemos del todo los límites de nuestro conocimiento, de la creatividad, de la memoria o de nuestra capacidad de amar. Y ahí si hay una oportunidad de crecimiento (no se si infinita, pero que tiende a ello). Y así es como crecen las esponjas, cuando ya no pueden crecer más hacia fuera, entonces empiezan a crecer hacia dentro gracias a su estructura fractal.
Pues esta misma lógica deberíamos empezar a plantearnos para nuestras empresas.

¿Cómo puede seguir creciendo inmaterialmente mi empresa? ¿Cómo puede aumentar el valor que tiene y que aporta sin necesitar más recursos o activos materiales?
Juan Martino
Estrategia e innovación en Soulsight