A lo largo de toda la historia del mundo la tecnología ha hecho cambiar las relaciones humanas acercándolas en distancia y tiempo… Rompiendo las barreras del imaginario conocido y descubriendo otras oportunidades no exploradas.
Hemos visto como las bicis, nos habrían el campo para relacionarnos con el pueblo de al lado, tanto para ligar como para vender naranjas. Cómo el teléfono (fijo) aceleraba toda labor profesional y se convertía en el canal por excelencia de comunicación personal, empezando a destronar a las cartas (que se habían significado como la herramienta de relación por excelencia durante siglos). Surgían los primeros enfrentamientos generacionales atendiendo a la diferente concepción del canal, con frases de padres a hijos que sentenciaban “¡¡El teléfono está para dar recados!!”. El fax como el tangibilizador de los documentos a distancia y el transformador del entorno legal a través de herramientas como el burofax. Y por supuesto la televisión como conector masivo de contenidos mainstream a través del formato audiovisual, creando una nueva clase social, el famoso masivo.
Si a todos estos avances que claramente transforman la forma de relacionarnos no les tenemos miedo y asumimos la responsabilidad de su uso como condición para que no sean nocivos… ¿Por qué los nuevos canales, aplicaciones, sistemas y tecnologías nos generan tanta incertidumbre?
De hecho… ¿Y si la tecnología fuese el medio para recuperar esa humanización que la aceleración y las grandes ciudades nos hacen perder? ¿Y si en lo que parece el problema estuviera la solución?
Pongamos por ejemplo el amor… ¿Qué tipo de amor es el mas sincero, el mas duradero, el más real? ¿El físico o el intelectual? ¿Qué es más importante (para una relación duradera)? ¿Que te guste fisicamente o que te haga reír, que te atraiga su estatus o sepa escuchar y aconsejarte?¿Que quede bien en las fotos o comparta tus gustos por la música?
Que se lo pregunten a Roxanne, Christian y Cyrano (Cyrano de Bergerac, 1897), los tres protagonistas de la famosa obra romántica en la que Christian representaba la cara, el físico, la estética… y Cyrano era el alma, la palabra, el sentimiento, el ingenio y en definitiva la esencia del amor. En la obra original Cyrano ayudaba a Christian a conquistar a Roxanne… y con trucos y sinceras poesías lo conseguía, a pesar de estar real y profundamente enamorado de ella. Hoy diríamos que Christian es el avatar de Cyrano… y entonces la pregunta aparece; ¿De quién se enamoró Roxanne? ¿Quién supo mantener ese atractivo a lo largo del tiempo?
Hoy en día existen miles de nuevos Cyranos que enamoran sin las etiquetas clásicas, la tecnología nos permite conocer a alguien sin tenerlo en frente. También nos permite saber qué hace una empresa antes de comprar su producto o nos permite intuir cómo es una cultura o un país antes de visitarlo. Un poder que indudablemente nos ayuda a acertar en la toma de decisiones. Claro que todavía no es la panacea… de hecho sólo un equilibrio híbrido entre la persona y la tecnología permitirá acercarse al éxito.
La tecnología bien usada es la herramienta perfecta para ser más humanos, para acercarnos unos a otros y que nos ayude de verdad. ¿Por qué el big data, blockchain, la inteligencia artificial, la realidad aumentada, los esports, el machine learning o cualquier concepto alrededor de la digitalización lo tendemos a eliminar o infravalorar como elemento de humanización?
Es momento de usar la tecnología como medio humanizador y para eso debemos deshacernos de clichés. Darnos cuenta que la imaginación humana viaja mucho más rápido que la evolución exponencial de la tecnología, como demostró Julio Verne. Que la inteligencia artificial no soluciona todos lo problemas y que necesita al ser humano para diseñar un marco y una lógica sensible a la hora de automatizar un proceso.
Y es que el problema no es el algoritmo si no el objetivo comercial a corto plazo para el que es diseñado… por un humano.
Es el momento de entender el role de la maquina y de la tecnología dentro de la naturaleza del ser humano. Por eso los perfiles humanistas empiezan a invadir las empresas. Buscando cómo hacer comprender, agilizar y dar sentido a la relación entre las personas y las maquinas, y de paso descubrir nuevas oportunidades potenciando los comportamientos, hábitos y valores mas humanos: curiosidad, diversidad, desconexión, aprendizaje, libre albedrío, el error, lo inútil y un infinito etcétera.
Enrique Ricart
Estrategia e innovación en Soulsight