Desde que el ser humano se aventuró a salir de África hace miles de años, no hemos perdido el afán por explorar lo desconocido. Hoy en día, gracias a la evolución y el avance tecnológico y científico, nuestra especie ya planea colonizar el planeta rojo y, por qué no, viajar más allá de las estrellas.
Algunos miembros de la comunidad científica como Svante Pääbo, director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, abogan que el causante de este deseo de exploración, de asumir nuevos retos y riesgos tiene un origen genético. Es el DRD4, un gen presente en el 20% de la población y al que también se le conoce como gen de la aventura. Éste ha llevado a Svante a postular: “Ningún otro mamífero es tan inquieto como nosotros. Atravesamos fronteras. Nos adentramos en nuevos territorios aunque haya recursos en el lugar donde estamos. Otros animales no lo hacen“.
En un mundo globalizado, donde la realidad digital ha disipado las fronteras, deslocalizado los territorios y eliminado las distancias, ya no queda lugar en la tierra que no podamos conocer sin movernos del sillón gracias a la pantalla de nuestros dispositivos y aplicaciones como Google Earth.
“Ningún otro mamífero es tan inquieto como nosotros. Atravesamos fronteras. Nos adentramos en nuevos territorios aunque haya recursos en el lugar donde estamos. Otros animales no lo hacen“.
Pero sorprendentemente eso no ha mermado nuestra actitud exploradora, sino que la ha trasladado a un plano introspectivo de la sociedad. Las emociones que suscita el riesgo a lo desconocido y que buscábamos en los otros continentes, hoy se brindan a la puerta de casa. Y es que el DRD4, que modeló generaciones de grandes descubridores como Colón, Vasco da Gama y exploradores de la talla de Edmund Hillary, hoy da forma a una generación de soñadores a la que llamamos emprendedores.
Al igual que sus antecesores, no se conforman con lo que les rodea y saben que ahí fuera les aguarda algo mejor: la intuición y confianza gritan en su interior. El riesgo, que es parte de su zona de confort, es el que les lanza a la aventura y la incertidumbre en la que se embarcan les produce un hormigueo en el estómago. Están persiguiendo sus sueños, quieren cambiar su mundo.
Su reticencia por lo establecido y su afán por innovar les han posicionado como agentes del cambio, habiendo perdido el interés por los sólidos mamuts empresariales. Cientos de startups eclosionan a diario en nuestras escenas cotidianas para ofrecernos innovadores productos y servicios que nunca antes habíamos imaginado. El DRD4 sigue haciendo evolucionar a nuestra especie.
Estos aventureros del siglo XXI se han percatado de que entre los tejidos de la sociedad aún hay mucho por explorar. La Tierra todavía les da mucho juego para seguir explorando, sorprendiéndose y han decidido posponer su viaje espacial a otras galaxias lejanas, por lo que los androides de 4 siglas tendrán que seguir esperando.
Juan Martino
Estrategia e Innovación en Soulsight
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