Es curioso como en el imaginario colectivo la ciudad generalmente no sale muy bien parada. Aunque es cierto que es referencia en cuanto a avances tecnológicos, infraestructuras modernas y multiplicidad de la oferta comercial y de ocio, no deja de ser criticada por ser el espacio en el que los ciudadanos están más agobiados por el estrés y la falta de tiempo.
En la estupenda película de los 80, Repo Man (El Recuperador), de Alex Cox, hay un diálogo surrealista que pone el foco en un aspecto interesante: el movimiento en las urbes.
Miller: […] Donde mejor pienso es en el autobús. Por eso no conduzco.
Otto: Ni siquiera sabes conducir.
Miller: No quiero saber. No quiero aprender. ¿Entiendes? Cuanto más conduces, menos inteligente eres.
Las ciudades y el estilo de vida asociado a ellas hacen que el ciudadano esté trasladándose constantemente de un lado a otro. Son muy pocos los privilegiados que viven cerca del trabajo, la escuela, las instalaciones deportivas, los amigos o la familia.
La necesidad de utilizar transporte a diario afecta a la mayoría de habitantes y se ha convertido en una característica de la urbe moderna, tanto es así que ni siquiera se percibe como algo extraño. Casi todo el mundo lo hace.
En esa tesitura, la expresión “El tiempo es oro” se vuelve muy real. El ciudadano optimiza el tiempo que tiene porque escasea. Los idle moments, los momentos inactivos, como son los del desplazamiento, son útiles para algo básico: pensar. Hacerlo mirando por la ventanilla para que la mente se evada es altamente beneficioso y productivo.
Las agendas están llenas de actividades y, cuando no las hay, queremos aprovechar esos tiempos muertos para consultar el móvil, whatsappear, interactuar en las redes sociales, resolver temas de trabajo, hacer llamadas o leer las noticias. No paramos. Nos resulta difícil quedarnos inactivos y dedicarnos simplemente a reflexionar. O a tomar conciencia de las realidades que afectan a la ciudad, como el tráfico, el estado de las calles, el mobiliario urbano o la gente que camina.
El movimiento también invade nuestros días con el concepto de Ciudad Agenda. Para ir al dentista necesitamos concertar una cita, pero también para mantener las relaciones personales. Intenta hacer memoria, ¿cuándo fue la última vez que fuiste de cañas con los amigos? ¿Surgió de forma espontánea o fue algo que organizaste con varios días o incluso semanas de antelación?
La metáfora de Ciudad Agenda nos recuerda que las urbes no han sido diseñadas para que permanezcamos parados. La necesidad de movimiento continuo y la optimización del tiempo nos llevan a abandonar la espontaneidad incluso en los ratos de ocio. Nos hemos convertido en prisioneros en un espacio que no nos permite detenernos.
El siglo XXI plantea muchos retos y uno de los más importantes es la mejora de la vida en las ciudades. El 75% de los habitantes del planeta vivirá en una en el año 2050. Cada vez vamos a ser más los urbanitas, por tanto, ahora más que nunca es el momento de plantearnos cómo queremos que sea el lugar en el que vamos a convivir.
Santiago Fernández Michel
Estrategia e innovación en Soulsight