Nuestra capacidad de razonar fue adquirida a lo largo de millones de años de desarrollo evolutivo, y ha emergido en parte de la lógica de levantar, transportar, arrastrar o arrojar objetos pesados a nuestro alrededor, nos explica el neurofisiólogo William Calvin a través de su libro How Brains Thinks. Esta relación entre la materia y el movimiento se halla presente incluso en la mente de un chimpancé, que astutamente sabe dónde un plátano aterrizará una vez que lo deja caer de su mano.
La palabra problema adquiere un gran sentido desde esta perspectiva dado que desde su significado etimológico en griego (πρόβλημα) se compone del prefijo (pro- = delante) y el verbo βάλλειν (ballein = arrojar con fuerza). El movimiento está presente en la propia definición del problema, así, problema es lanzar algo hacia delante. La secuenciación de cosas que ponemos delante, una y otra vez, construye lo que conocemos como pensamiento lineal. Una narrativa de problemas que hemos ido creado a lo largo de la historia, y que nos ha permitido llegar a día de hoy y que coloquialmente llamamos progreso. Casualmente progreso y problema, además de compartir el mismo prefijo, ambas implican la noción de movimiento, ya que el verbo gradior, gressus en latín significa ‘ir o marchar’. De nuevo hablamos de movimiento.
Ésta forma de pensar nos ha sido de gran ayuda durante la inmensa mayoría de la edad humana. Sin embargo, nuestra realidad a día de hoy difiere mucho del movimiento lineal progresivo al que nos hemos acostumbrado. La cuestión es que hemos pasado de las narrativas, a los hipertextos, es decir a un mundo cuya perspectiva es exponencial. “El problema es que no sabemos cómo adaptarnos a este nuevo mundo. Pensamos muy local y linealmente y hoy el mundo en que vivimos es global y exponencial” puntualiza Rob Nail, socio fundador de Singularity University. De nada sirve cerrar fuertemente los ojos y pensar que nada está pasando. Debemos superar la barrera de la incredulidad de nuestro propio razonamiento y ser capaces de lanzar nuestros problemas al cubo.
La cuestión es que hemos pasado de las narrativas, a los hipertextos, es decir a un mundo cuya perspectiva es exponencial.
La mayoría de los expertos nos avisan sobre la necesidad de las inteligencias artificiales para ayudarnos a pensar de forma exponencial. Motivo por el cual éstas tecnologías están creciendo, valga la redundancia, de forma exponencial. El problema ahora lo encontramos en las proyecciones y de nuevo, problema, progreso y proyección mantienen un significado aproximado. Estas nuevas inteligencias necesitan de nuestros datos actuales para aprender y lanzar las cosas hacia delante. Para el 2020 la acumulación de datos mundial se estima en 47,7 Mbps. A pesar de que es una buena cantidad de información para sembrar predicciones, no deja de ser información que se basa en estimaciones del pasado, aunque tan solo hablemos de milésimas de segundos.
Nassim Nicholas Taleb en su libro Antifrágil nos explica muy bien el problema de las predicciones a través del “Problema del Pavo”. El ejemplo del pavo es una metáfora grafica para Taleb, porque representa el problema del pensamiento inductivo. La reflexión deviene de la tragedia del pavo antes del día de la Acción de Gracias. Mientras que los 999 días anteriores su cuidador había sigo un generoso alimentador, una tarde sin más el pavo tiene que revisar todas sus predicciones cuando este se convierte en su verdugo. A mayor grado de confianza del pavo, más altas son sus probabilidades de riesgo.
De hecho, el pensador David Hume era persistente al insistir en que el hecho de que el sol no salga mañana es una proposición igual de inteligible que la afirmación de que si saldrá. Parece entonces que nos hayamos en un complejo dilema. Si bien el pensamiento lineal ya no nos sirve en un mundo exponencial, pero tampoco podemos confiar plenamente en las inferencias de las tecnologías inteligentes; ¿qué alternativas tenemos? Abandonemos a aquello que por el momento los seres humanos somos todavía maravillosos: nuestra capacidad de adaptarnos e improvisar cuando sin haberlos arrojado, los problemas se nos presentan delante sin más.
Esther Achaerandio
Estrategia e Innovación en Soulsight
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