Igual que lo hacen los artistas con sus musas o retiros, el ser humano tiene la capacidad de inspirarnos, viviendo experiencias que nos trasladen a otros mundos, que nos aporten puntos de vista diferentes y nos saquen de donde estábamos para ayudarnos aclarar nuestras ideas o encontrar otras nuevas. Siempre hemos considerado la inspiración una llave mágica que ha conseguido desbloquearnos en diversas situaciones, una ráfaga de aire fresco.
En este contexto quiero hablar de “Permacultura”, un sistema de principios de diseño agrícola, social, político y económico basado en los patrones y las características del ecosistema natural. ¡Una vez más el diseño busca otras fuentes de inspiración para aportar soluciones innovadoras a grandes problemas!, y en la permacultura lo hace basándose en la naturaleza.
Todos hemos escuchado alguna vez aquel dicho que dice que “la naturaleza es sabia”, y efectivamente, sus formas de actuar, de evolucionar, de sobrevivir y su vínculo con otros ecosistemas, nos lo pone de manifiesto muchas claves. ¡Copiemos pues!.
En 1977, a mediados de los años 70, los australianos Bill Mollison y David Holmgren crearon lo que denominaron Permacultura, proveniente de las palabras “permanent agriculture” o agricultura permanente. En sus comienzos se popularizó mucho en Australia, EEUU y Europa, siendo entendida esta técnica como una “nueva forma de jardinería”. Pero no es hasta que el japonés Masanobu Fukuoka publica su libro “ La revolución de una Brizna de paja”, en el que presenta un método revolucionario de “agricultura natural”, cuando realmente se reconoce establecida esta nueva técnica.
Interpretar el mundo de una forma diferente, en este caso la agricultura, y aprendiendo a interactuar con los ecosistemas naturales de una forma respetuosa y sobre todo creativa es lo en lo que se fundamenta esta nueva forma de operar en el planeta.
Y la verdad es que no hay nada más natural que aprender de la naturaleza, porque aunque a veces lo olvidemos, nosotros, los seres humanos, también formamos parte de ella, y de sus ecosistemas. De esta forma, la permacultura nos permite sembrar y cosechar alimentos reproduciendo la vida de los ecosistemas naturales, así por ejemplo, si estamos viviendo una plaga de algún bicho, colocando una planta que atraiga a su amenaza animal (que se alimente del bicho anterior), el problema estaría resuelto. Aunque lejos de ser un planteamiento simplista, al hablar de ecosistemas efectivamente hay que tener en cuenta la influencia del resto de elementos que interactúan en el mismo, de otra forma no tendríamos la visión holística que requiere esta disciplina.
Mal comparado, es como nos ha sucedido en estos últimos años en el diseño, con el “user centrismo” o la importancia que se le ha dado a diseñar siempre poniendo al usuario en el centro. Centrarnos en el usuario nos ha obligado a dejar de lado la visión holística a la hora de afrontar un reto. Por supuesto que tenemos que poner a nuestros usuarios en el centro, pero eso no significa que sean el único elemento que debamos tener en cuenta a la hora de diseñar. Existen otros elementos que generan un impacto también, y con los que hay que contar si no queremos tener una visión sesgada y poco realista.
Así la permacultura nos permite también tener una mirada integral que necesita entender los ecosistemas naturales para conocer cómo se establecen las relaciones entre ellos, qué factores influyen y qué elementos son clave en cada momento de esas relaciones.
¿Cómo puede la permacultura ayudarnos a solucionar otro tipo de problemas? Lejos de ayudarnos a solucionar otros problemas que vayan mas allá del cultivo o la agricultura, nos tenemos que educar con qué es lo que hace esta disciplina: Busca inspiración en el eco-sistema natural.
Por lo tanto, busquemos la inspiración en sus razonamientos y sepamos hacer analogías con otros sistemas como pueden ser el económico o el social. No estamos hablando de que tratemos de plagiar sus estructuras, si no de que nos ayude a pensar de una forma diferente, mas global, que nos ponga alerta de los elementos que tenemos que tener en cuenta, y que influyen en el mejor o peor desarrollo de una ciudad, un país o del planeta.
En definitiva e igual que hicieron en su momento Mollison y Holmgren, entender qué es lo que a ellos les inspiró, y aprender de cómo funcionan en realidad las cosas. Ser capaces de acercarnos un poco más a una complejidad natural inherente al mundo en el que vivimos y a nuestra condición como seres vivos.
Cristina Bucero
Strategic & Innovation en Soulsight