Silo
De or. inc.
1. m. Lugar seco en donde se guarda el trigo u otros granos, semillas o forraje.
2. m. Lugar subterráneo, profundo y oscuro.
3. m. Depósito subterráneo de misiles.
Los seres humanos contamos con mecanismos propios de nuestra naturaleza que nos han hecho evolucionar y sobrevivir durante miles y miles de años. Nuestra fuerza como especie reside en nuestra capacidad de colaboración. La capacidad de comunicarnos y organizarnos en torno a un propósito común es nuestra seña de identidad.
Una de las consecuencias de esta evolución instintiva es, que el ser humano desarrolla una profunda necesidad de ser parte de comunidades de iguales. Esto es lo que conocemos como sentido de pertenencia. Lo paradójico, es que estos mecanismos innatos, en ocasiones son contradictorios. Igual que nos permiten evolucionar como especie, a su vez lo que nos limitan. Este fuerte sentido de pertenencia a grupos de iguales tiene una cara B; la cara que suena a rivalidad.
Decía Churchill “Primero creamos nuestros espacios y luego nuestros espacios nos crean a nosotros”.
Los psicólogos Jonathan Green y Benjamin Bloom, en sus experimentos sobre la conducta humana, observaron que en cuanto se asignan personas desconocidas entre sí a dos grupos diferentes al azar, estas personas muy pronto desarrollan un fuerte sentido de pertenencia a su grupo pese a no conocerse. Es irracional, es instintivo. Estamos programados para unirnos a iguales, pero con limitaciones porque esto no es a gran escala, ya que los grupos de iguales no son infinitos. Esto nos lleva muy pronto al enfrentamiento con otros. Es lo que se conoce como tribalismo. El formar parte de una misma empresa no es suficiente. Muchas veces el pertenecer a un departamento, puede más que la propia marca de la empresa. Rivalizamos con los de otros departamentos dentro de nuestra propia compañía.
Partir de esta base, nos quita un poco de presión y explica muchos de los comportamientos y situaciones que vienen después.
El lenguaje también nos construye (o destruye). Lo siguiente es crear grupos, colectivos, compañías y finalmente, las organizaciones. La RAE define el verbo organizar como:
“Establecer o reformar algo para lograr un fin, coordinando las personas y los medios adecuados”
Dentro de un grupo de gente, es necesario un orden para lograr un fin. Pero organizar también tiene mucho que ver con estructurar, simplificar, ser eficientes y sobre todo tener el control. La eficiencia se presenta como la excusa para controlar al individuo dentro del grupo de personas. La verdad reside en el miedo. El miedo a no conseguir los objetivos (el fin que menciona la RAE) y la falta de confianza en el individuo.
En el mundo empresarial nos han educado para ser muy buenos haciendo nuestras tareas, enfocarnos en ellas como la forma en que cada empleado aporta su granito de arena al propósito común. Las organizaciones tienen una estructura funcional y de especialización extrema. Nos preparan para encajar en esa estructura y no necesariamente nuestro talento tiene por qué encajar en esas funciones cerradas. Hay funciones para todos, pero cada vez es más difícil encajar en una “job description”. Esto es una buena señal de que el talento empieza a imponerse.
Si lo vemos desde el punto de vista del miedo y la confianza. Si no entras en el orden como individuo siguiendo las normas y las reglas establecidas, no perteneces a un grupo. Si no perteneces a un grupo, estas solo. Si estás solo, estás muerto. Por eso hasta ahora todo se mide en KPIs y casi nada se mide en compromisos. Las personas no se miden. Medir personas no es humano, comprometerse, si.
El talento tiene que ver con el individuo. El talento es la “especial capacidad intelectual o aptitud que una persona tiene para aprender las cosas con facilidad o para desarrollar con mucha habilidad una actividad”.
Esto se interpreta mal hoy en día. Como hemos dicho, en el mundo empresarial, hemos sido educados para hacer bien nuestras tareas y al final somos presa ellas. Nos habituamos (otro rasgo esencial de la naturaleza humana) a ellas hasta que nos poseen y no vemos más allá, porque es lo fácil. Estamos más seguros de nosotros mismos atados a normas y procesos. No me hacen pensar. Tengo mi zona de confort clara. Prefiero reconocerme en las cosas que se me dan bien y me siento seguro haciéndolas que en explorar o confiar en mis talentos donde me siento inseguro y mediocre en la incertidumbre y puedo ser juzgado por los demás.
Por lo tanto nos encontramos en una situación donde el talento tiende a lo mediocre. Si no existe un espacio de confianza en el entorno y existe competitividad y presión social, , tendemos a responder al plan establecido, a la inercia, a la falta de liderazgo personal.
El talento es aceptación. Es autoconocerse, aceptar lo que uno es y ponerlo al servicio de los demás. Tampoco fomentamos el autoconocimiento. No se valora la emoción y la sensibilidad propia del ser humano. No se valora el talento. Porque el talento es una amenaza. El talentoso es el raro, es el diferente, es el que destaca. Destacar, en un entorno de alta complejidad como el que nos encontramos, es una amenaza para la mayoría. Esa mayoría que mencionaba antes que prefiere ir por el carril de las normas establecidas. Esa mayoría que tiene miedo a perder su status, su estabilidad porque haya alguien más talentoso que destaque y le fuerce a retarse o cambiar. Recuerda, si sobresales y eres diferente estás fuera.
Decía Churchill “Primero creamos nuestros espacios y luego nuestros espacios nos crean a nosotros”. Por último, con todo este caldo de cultivo, lógicamente, hemos creado espacios que no facilitan la colaboración, ni la confianza, ni mucho menos que el talento florezca. Los espacios en la mayoría de las organizaciones, son SILOS. Tal cual. Colmenas, cubículos, hileras de ordenadores, despachos cerrados, etc.
El talento es innato, el talento es intangible, el talento es etéreo, es anárquico, es creativo, es diferente, es sorprendente, es radical, es espontáneo, es sensible, es humano…
¿Cuánto de esto existe hoy en día en el mundo laboral? Todas son palabras que van en contra de todo lo que hemos creado hasta ahora. Afortunadamente, nos estamos dando cuenta.

Carlos Murillo
Estrategia e innovación en Soulsight