Si preguntamos a los habitantes del sur de una ciudad si les preocupa más el desarrollo del sur o norte de su ciudad, la respuesta es clara (e igual al contrario), y si seguimos acotando la pregunta llegamos a que lo que realmente les importa es su entorno, que muchos de ellos en cuestiones de espacio lo definen como “su barrio”.
Esto nos hace ver que hay que entender la ciudad desde los barrios y comunidades, de hecho el origen de las ciudades fueron las comunidades, y hasta que no pongamos foco en entender la vida de los ciudadanos desde sus barrios no se podrán diseñar espacios y actividades reales de disfrute.
Y no quiere decir que no se tenga en cuenta el resto de la ciudad, pero esta ha de verse como un lugar de disfrute donde hacer algo diferente, un espacio de posibilidades donde romper el día a día de tu barrio y con la periodicidad que cada uno quiera, y para que esto ocurra han de ocuparse las instituciones públicas, no los propios ciudadanos que, como he comentado, lo que les preocupa en realidad es su barrio más que la ciudad.
El barrio como origen es lo que me ha hecho entender por qué no funcionan muchas de las iniciativas de participación ciudadana existentes en multitud de ciudades, y hay tres grandes motivos:
- Se enfocan en la ciudad y grandes aspectos de la misma.
- El origen y control es de las instituciones públicas.
- Hay muchas grandes intenciones que se quedan en eso, grandes intenciones que no suceden.
¿Dónde está el barrio y las necesidades de sus habitantes en estos motivos?
No aparecen, pero dándole la vuelta podemos encontrar las claves para que estén siempre presentes:
- Hay que pasar de la participación ciudadana a la participación barrial para que la gente sepa con claridad que su participación afecta a su entorno y preocupaciones.
- La responsabilidad y decisiones deben ser de los propios barrios y sus habitantes, dejando a las instituciones un papel de facilitador sin protagonismo.
- Ha de enfocarse en pequeñas cosas a realizar que sean visibles en el día a día de los habitantes y refuercen su compromiso y orgullo.
Hasta que no pongamos foco en entender la vida de los ciudadanos desde sus barrios no se podrán diseñar espacios y actividades reales de disfrute.
Un buen ejemplo de participación barrial que cumple con estas tres claves me lo contó así un colega hace 6 meses en Nueva York.
“En Dinamarca lanzaron un concurso público para rediseñar un parque de una zona de la ciudad. Uno de los estudios de arquitectura preguntó a los habitantes del barrio qué querían y necesitaban, y su propuesta de rediseño fue cambiar dos bancos rotos y replantar un árbol; el parque les encantaba tal y como estaba, sólo querían arreglar los desperfectos, así que el resto del dinero de la propuesta lo destinaron a un centro sociocultural que era la necesidad real de los habitantes”.
Y en esta ocasión la participación barrial y el sentido común ganaron la batalla.
Eduardo Beotas
Socio Fundador de Soulsight
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