La mayoría de las organizaciones que nacieron el siglo pasado se encuentran en la antesala del olvido, perdidas, sin saber cómo responder y enfrentarse ante tanto cambio.
Algunas ni siquiera han querido aceptar su situación. Prefieren seguir inconscientes, pensando que es algo temporal, que ya pasará. Siempre han liderado el mercado, ¿por qué iban a dejar de hacerlo?
Mientras tanto, surgen nuevas ideas que rápidamente se convierten en modelos de éxito: Uber, Airbnb, Dropbox, fundamentalmente por desafiar el statu quo de la industria en cuestión.
Animados por recuperar el sentido y cubrir necesidades reales que muchas veces se ocultan tras lo obvio y evidente, justamente aquello que freno a las empresas del propio sector por parecerles imposible e incluso innecesario.
Durante las últimas décadas las consultoras han ayudado a estas mismas organizaciones a encontrar soluciones a sus problemas, aportando otra mirada y conocimiento exclusivo y global.
Pero la consultoría tradicional se ha quedado obsoleta. Podría hablar de los benchmarks sectoriales, de los powerpoints interminables, del humo, de las famosas buenas prácticas, pero eso hoy es anecdótico.
Lo realmente significativo es que estas consultoras siguen siendo jerárquicas, lentas, cerradas y tremendamente masculinas, en un mundo que justamente demanda lo contrario. Es, cuanto menos, paradójico.

Los propios usuarios protagonistas del cambio pueden convertirse en el mejor aliado, ofreciendo soluciones y respuestas.
Hoy el conocimiento y la información se democratizan, ya no pertenecen a una élite. Los propios usuarios protagonistas del cambio pueden convertirse en el mejor aliado, ofreciendo soluciones y respuestas. En cierta medida pueden considerarse los nuevos consultores.
Y ahí mi duda, razonable, pienso yo, de pensar que una consultora que se rige por las mismas lógicas de hace cincuenta años ante una realidad radicalmente distinta es, a simple vista, incoherente.
Entonces, ¿cómo pueden ayudar a una compañía a transformarse ante esta nueva realidad, si ellos siguen en el paleolítico?
Su modelo de negocio se ha basado, entre otras cosas, en las relaciones, pero hoy sus clientes necesitan además de una buena conversación, soluciones accionables, creativas y abrir caminos que antes nadie había transitado. Y todo para antes de ayer.
La consultoría tradicional también necesita hacer un ejercicio de reflexión para sobrevivir. Ver cómo compartir aprendizajes, conocimiento, cómo ser mucho más ágiles en la puesta en marcha de los proyectos y trabajar de forma colaborativa capacitando a los clientes para conseguir que el cambio se tangibilice y las cosas sucedan. Una consultoría abierta al mundo y conectada con la realidad social. Una consultoría del siglo XXI.
Carmen Bustos
Socia fundadora de Soulsight
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