Gracias. Es una palabra que me encanta. Alguna vez me han tachado de pesada por usarla demasiado, me suelen decir “no hace falta que me des las gracias cada vez que te paso algo”. Pues yo creo que sí, el hecho de que alguien cubra una necesidad que sabe que tienes me parece suficientemente importante, por pequeño que sea el acto, como para dar las gracias.
Alguna vez me he preguntado por qué dejamos propina a los camareros que han hecho bien algo por lo que ya se les paga, en vez decirles “gracias, nos has hecho la velada muy agradable” o algo menos cursi. Yo he sido camarera muchos años, y me han dejado propina más veces de las que me han dado las gracias o me han mirado a la cara mientras les hablaba. Casi nunca agradecí ese dinero extra.
Nos pagan por hacer nuestro trabajo (bien) y punto. Pero creo que este intercambio es más típico de épocas en las que lo rutinario, lo mecánico y lo medible con exactitud primaban ante cualquier otra cosa.
Pero (sí, voy a decir la frase más repetida en lo que va de año o siglo) las cosas están cambiando, las compañías empiezan a contratar en base a valores, compromisos y vínculos que van más allá de hacer bien tu trabajo, algo que ya se da por supuesto.
Dicho esto, ¿podrías poner precio a tus valores? Yo no. Por lo tanto, ¿qué retribución voy a tener por esta forma de cumplir en mi puesto de trabajo? Quizá podemos empezar a hablar del salario emocional. Poder reconocer y agradecer de alguna manera aquellas cosas que no tienen título oficial. Aquellas cosas que han hecho que seas la persona que eres y que tengas las habilidades que tienes.
Antes no ponía en mi CV que había sido camarera, ni lo contaba en las entrevistas, ahora es una de las primeras cosas de las que hablo, al igual que jugué en un equipo de baloncesto, o que hice un curso de criminología forense y que soy super host en Airbnb (reconocimiento que se da a las personas que tienen un nivel de atención muy alto). Ahora sé que mi reputación de vida cuenta, ya que al ser camarera he sabido resolver conflictos. Sé trabajar en equipo, algo que me enseñó el baloncesto o que el trato con las personas me encanta, gracias a eso soy super host.
Los valores y las habilidades más humanas, no tienen precio pero sí se deben reconocer y agradecer.
Todavía no es muy común contratar por estos skills, pero eso no quiere decir que la gente que trabaje en las compañías no los tengan. Hay que dejar que los usen, y que los compartan. El resultado, seguro que es increíble, no sólo en impacto de cultura empresarial, sino de negocio.
Estar agradecidos a vuestros empleados por ser quien son, y los empleados estar agradecidos por trabajar en la compañía donde están, es el mejor estado laboral.
Y lo mismo pasa con todo lo que ofrecemos al mundo, productos, servicios, experiencias… Si escuchamos lo que necesitan las personas, pero escuchando de verdad, crearemos soluciones que cubran necesidades reales, y eso es muy de agradecer, que las compañías mejoren mi día a día, porque son capaces de entenderme y tienen la posibilidad de hacerlo, me parece la leche. Yo estoy muy agradecida a varias marcas por haber creado ciertos servicios.
Imaginaros que las personas empiezan a dar las gracias a las compañías por lo que crean para ellos, ¿existe mejor medición?
Medimos demasiado con números. Hay cosas que no se pueden medir en cifras, pero que tienen más impacto de lo que pensamos.
Si alguien ha llegado al final de artículo, gracias por leerlo.
Carolina Rodríguez
Estrategia e Innovación en Soulsight
Si estás interesado en conocer mejor lo que hacemos, ponte en contacto a través de info@soulsight.es y estaremos encantados de contártelo.