Hace unos meses tuve la fortuna de ser invitado por la Universidad Europea de Valencia a un taller para definir el futuro del Grado de Diseño. Allí estaban reunidos profesores, arquitectos, diseñadores y alumnos. Se habló del presente de la disciplina, del mapa profesional actual y, sobre todo, de las necesidades del futuro diseñador. De cómo será el empeño profesional del futuro diseñador. Y, por tanto, qué áreas debía cubrir su formación.
Y aquí es donde empezó un interesantísimo debate sobre el mundo que viene y el papel que el diseñador puede y debe jugar en la definición y construcción de ese mundo que viene. Un mundo que será, sobre todo, tecnológico. De hecho, es la súper abundancia tecnológica lo que lo diferencia de cualquier otro mundo anterior. Sí, vivimos rodeados por la tecnología. Y sin tecnología seríamos incapaces de vivir en este mundo. Así, querámoslo o no, la tecnología va a condicionar profundamente el trabajo del diseñador.
¿Cómo?
La tecnología facilita tanto la producción física de lo diseñado que la distancia entre lo que imagina el diseñador y el producto final nunca ha sido tan corta. Entre la idea que tiene un diseñador en su cabeza y el producto final cada vez hay menos distancia, gracias a los programas de diseño –Photoshop, Autocad, etc. Por no hablar de la cercanía entre el boceto y prototipo, gracias a las impresoras 3D. Nunca ha sido tan fácil producir el hacha perfecto.
Pero no basta con eso para hacer un buen diseño. La tecnología, y esto es muy interesante, también se han acercado al diseñador y al aficionado. La técnica, que era lo que los distinguía, cada vez los acerca más. En un mundo en el que cada vez hay más diseñadores, cada vez hay más objetos diseñados por amateurs.
¿Por qué?
Cuando alguien diseñó el primer hacha diseñó un mango y una hoja de cortar, pero también diseñó un objeto que contenía la información suficiente para que un usuario cualquier aprendiera de forma espontánea como manejar ese mango y ese hacha. Diseñó el hacha, sí; pero también que el objeto pudiera ser interpretado y usado como un hacha.
Diseñó el objeto y la información para entenderlo. Hoy, cuando la producción física se ha democratizado, la información y su interpretación han multiplicado su importancia para el trabajo del diseñador. Tanto que hoy la materia prima del diseño es, fundamentalmente, la información. Y la tarea del diseñador es, también fundamentalmente, la creación de la interpretación de esa información.
Y, luego, de su plasmación en objetos ya se encargará, fundamentalmente, la tecnología.
Luis Montero
Estrategia e innovación en Soulsight
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