¿Realmente somos más creativos en grupo?
La cultura “co” cada vez cobra mayor protagonismo. Colaborar, co crear, compartir, se presentan como fuerzas de la era digital para estimular la creatividad y resolver problemas. La soledad del genio ha pasado a mejor vida.
Los espacios se diseñan totalmente abiertos, sin paredes, para supuestamente, trabajar mejor en equipo. Las sesiones de trabajo parecen sinagogas, toda idea es bienvenida y el brainstorming es el nuevo mesías.
Pero, ¿qué hay de verdad en todo esto?, ¿realmente somos más creativos en grupo?, ¿es necesario ser tan extremista y hacer que desaparezca la individualidad del creativo?
Numerosas investigaciones hablan de la necesidad de la privacidad a la hora de crear, de evitar las interrupciones y de encontrar un espacio íntimo y reservado para llevar a cabo este tipo de trabajo. Los estudios de psicólogos como Mihaly Csikszentmihalyi o Gregory Feist, estudiosos de los procesos creativos, revelan que la naturaleza individualista e introvertida de algunas personas fomenta la capacidad de crear. No es casualidad entonces que Newton se encontrara sólo debajo de un árbol cuando le cayo la manzana y descubrió la ley de la gravedad.
Culturalmente, y más en estos días donde todo esta pasando tan deprisa, subestimamos el poder de la quietud y la soledad como parte importante y necesaria del proceso creativo. Parece que, o la decisión y la idea ha salido de un grupo multitudinario, o no es válida.
Tener nuestros espacios de privacidad nos hace tomar consciencia de toda los estímulos e información que hemos ido recibiendo. La privacidad además de creativos nos hace más productivos.
Alejarnos del ruido, de la gente, de las distracciones, es vital cuando estamos con un tema entre manos que exige aportar una solución novedosa. Y lo más interesante, la soledad nos permite aprender mejor. Según el psicólogo Anders Ericsson, la mejor manera de convertirte en un especialista es de manera individual, de ahí supongo que cobra más sentido las grandes lecciones orientales de “maestro y alumno”. La meditación por supuesto también es otro gran aliado y ejemplo para fomentar la creatividad.
Colaborar sin duda es estimulante, divertido, y extremadamente útil. Y si esa colaboración se produce en entornos diversos que facilitan la autonomía de pensamiento de cada uno de los participantes, el efecto se multiplica exponencialmente. Pero nunca deberíamos olvidarnos de la necesidad de el espacio individual y de reflexión particular de cada uno, de retarnos personalmente para buscar solos la mejor solución. Y de forzarnos a salir del grupo y hacer que eso ocurra.
Combinar e integrar ambas capacidades nos ayudará a llegar a caminos más interesantes. Y lo más importante que lo “nuevo” y las “modas” no nos hagan perder de vista la esencia del ser humano.
Los problemas cambian, la forma de abordarlos también, pero la creatividad es y será la fuente de inspiración y la que realmente genere el cambio.
Carmen Bustos
Socia fundadora de Soulsight
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