En el cuento “Del rigor en la ciencia” Borges relata, bajo el pseudónimo de Suárez Miranda, cómo en cierto imperio el Arte de la Cartografía llegó a tal absurdo que los mapas terminaron por ser tan desmesurados que ocupaban a escala el mismo territorio que pretendían cartografiar. Finalmente los mapas dejaron de tener sentido y fueron abandonados a las bondades de la intemperie.
Estamos viviendo un momento de cambio, todos lo sabemos y es indiscutible. Tal vez por este motivo florecen incansablemente de la mano de los mejores gurús nuevos modelos de transformación “digital o no” que auguran garantías de éxito en nuestras organizaciones. Sin embargo, estos modelos al igual que los inconmensurables mapas de los geógrafos de Borges, simplemente representan una cartografía ideal para aliviar nuestro estrés. Cuando abogamos por la transformación oportunista estamos trazando una línea recta sobre el plano, y quién nos garantiza que no nos encontraremos con el Himalaya en el terreno.
La ansiedad de equivocarnos nos aleja tanto de la realidad que termina siendo peor que la equivocación en si.
Los cartógrafos de Borges confundieron la relación entre el objeto y su representación. Con las mejores intenciones de crear el mapa perfecto, cometieron el error de olvidarse de la función de mapa como una simple herramienta de orientación. Nos aferramos a los modelos porque nos permiten cambiarlos, controlarlos, borrarlos sobre el papel, pero al final la ansiedad de equivocarnos nos aleja tanto de la realidad que termina siendo peor que la equivocación en si.
La perfección no existe, pero si la destreza. Y la destreza únicamente se adquiere practicando y aprendiendo de nuestros errores. Si nos olvidamos de los manuales y abordamos la transformación como un aprendizaje, su
experimentación nos hace ser más conscientes de sus posibilidades pero también también de sus problemáticas. Para enfrentarnos a la transformación tal vez debiéramos encarnar la sabiduría del cantero que construye piedra a piedra nuevos caminos y a medida que van creciendo las calzadas el mapa se construye como una consecuencia y no como un fin.
En definitiva el modelo es el origen de la aventura y no la aventura en si. De ahí la importancia de acompañarnos de la humildad para aprender de nuestros propios pasos y obligarnos a prestar atención sobre lo que estamos haciendo, permitiéndonos modificar y revisar constantemente en el ir haciendo de nuestro proceso de transformación.
Esther Achaerandio
Estrategia e Innovación en Soulsight
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