Recientemente se publicaba la noticia de un estudio antropológico que desvelaba que el ADN humano más antiguo está en los aborígenes australianos, deduciendo así que ellos fueron los primeros hombres que abandonaron África. Tuve la oportunidad de visitar este verano el continente austral y entrar en contacto con su cultura y sabiduría. Intrigado por la particularidad de sus rasgos físicos, muy diferentes al del resto de razas, pregunté al experto Evan Yanna Muru sobre el origen de los nativos de esta tierra. Explicaba que ellos afirman no descender de ninguna raza, ya que se consideran el origen de la humanidad. No me resultó atrevido el postulado tras conocer su forma de vida tan primitiva y la pureza de su relación con la naturaleza incorrupta por las formas de vida contemporáneas. La cultura aborigen se basa en una conexión constante del cuerpo con el entorno a través de los sentidos, lo que ellos llaman constant state of feeling (estado de sentir permanente).
Pocos días después leía en el mismo periódico sobre un estudio de las cinco tendencias que marcarán la economía digital del futuro, elaborado ICEDEM y Coolhunting Community, en las que figuraba la digitalización de los sentidos. La transformación digital es seguramente la preocupación mayoritaria en el tejido empresarial actual y es un concepto transversal que afecta a todos los ámbitos de nuestra vida. Desde que existen los bytes nuestra relación con los objetos ha ido cambiado significativamente: un mapa, una carta, el dinero o un libro han perdido su estructura atómica y han sido traducidos a átomos digitales (bits) perdiendo sus propiedades físicas como el volumen, masa, olor, textura, etc.
Tardamos en digitalizar el sonido 100 años y la imagen un lustro, y eso que éstos no suponen una gran complicación aparente, porque al tratarse de frecuencias la traslación numérica al lenguaje binario es directa. Mientras que los sentidos nasobucales se estimulan por moléculas y la traducción a impulsos eléctricos no es tan obvia, científicos como el australiano Adrian Cheok, de la Universidad de Singapur, afirman que en poco más de una década ya habremos cumplido con el olfato y el gusto y podremos transmitir los 5 sentidos a través de una conexión remota. Esto permitiría reproducir el mundo real y compartirlo todo a través de una conexión. ¿Dejará de tener sentido todo aquello relacionado con nuestras interacciones físicas porque podremos vivirlo todo desde nuestro cerebro, sin necesidad de estar despiertos? ¿Será cierto el futuro que nos dibujaban los hermanos Wachowski con Matrix?
Nuestra sociedad está tan enganchada a la tecnología que para la configuración de sus hogares buscan una reconexión con la naturaleza a través del contacto con estos materiales.
Me considero una persona optimista y, aunque a día de hoy series de éxito como Black Mirror nos amedrenten con fragmentos de un devenir desvirtuadamente tecnológico, nuestra naturaleza física emerge siempre por alguna parte. Este año se esperaba en el Salone del Móbile de Milán un producto futurístico y con la tecnología totalmente integrada, pero la realidad fue otra, abundaron los materiales naturales como la madera, la piel, las fibras vegetales o la piedra. Nuestra sociedad está tan enganchada a la tecnología que para la configuración de sus hogares buscan una re-conexión con la naturaleza a través del contacto con estos materiales. Y es que el ser humano, cuando siente, lo hace en sus propias carnes (literalmente).
No se trata de vivir en Matrix o volver a nuestros orígenes primitivos al más puro estilo aborigen; como decía Aristóteles, la virtud es el punto medio entre los extremos, es el arte de saber combinar el mundo físico y digital para construir experiencias memorables. Por eso vivimos un boom de startups y productos digitales que están teniendo tanto éxito como es el caso del fenómeno Pokémon Go, que aprovechan nuestro entorno como escenario de un mundo virtual; Wallapop, en el que a través de una app volvemos a entablar una relación de deseo con los objetos; o de AirBnB, donde una plataforma digital nos facilita los sentimientos hogareños en territorio ajeno. Él éxito de la transformación digital está en la magia que surge al combinar las partículas elementales de nuestra sociedad actual, el átomo y el bit.
Juan Martino
Estrategia e Innovación en Soulsight
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