Se habla mucho de este término: #Legitimidad. Pero, ¿qué es? O, algo más común todavía, ¿cuándo se es #legítimo?
Según Wikipedia, que — para mí — es más #legítima que la RAE, porque se construye bajo el consenso y la suma/colaboración de las personas entre ellas, #legitimidad es “un término utilizado en la Teoría del Derecho, en la Ciencia Política y en Filosofía, que define la cualidad de ser conforme a un mandato legal”.
Teoría del derecho, Ciencia Política, Filosofía, Cualidad de ser conforme a un mandato legal… Me faltan cosas. Me explico. En primer lugar, está anticuado. #Legitimidad es un concepto vivo. Aplicable a cualquier ámbito. Siempre o, mejor dicho, desde siempre, se ha basado/construido/relacionado con la Ley. Creo que ha pasado de ser un término asociado a lo legal, a lo que cumple las normas, para convertirse en un atributo que nos compete a tod@s. Y la #legitimidad ya no se construye o se “consigue” bajo el concepto de Ley, sino bajo el de reputación, entre otros.
La reputación será la que nos haga #legítimos, o no, de algo. Habrá más pilares sobre los que construir o poder gozar de ser #legítimo en algo, pero voy a centrarme en la reputación. Al fin y al cabo, es algo que no lo tenemos así porque sí, sino que nos lo tienen que avalar y dar otros. Se gana. Aunque, muchas veces, algunos piensan que se puede comprar… Esa reputación comprada, termina cayendo por su propio peso. Y tenemos casos actuales que lo demuestran…
Muchas veces hablamos de #legitimidad con mucha #legitimidad. Está bien. Vivimos en un país en el que, y lo llevamos en la sangre, somos unos comerciales cojonudos y nos convencemos de lo que estamos contando, según vamos hablando.
Pero la #legitimidad se gana. Se adquiere. Si hablamos de algo que no es Filosofía, Derecho y Política, como puede ser una marca, debemos pensar en #legitimidad como algo histórico, algo que se ha construido con el tiempo y se ha sabido mantener, a pesar de los cambios (ya sean para mejor o para peor).
Una marca es #legítima, cuando vive unos valores, tiene una (por llamarle de alguna manera) forma o modus operandi de hacer, vivir, transmitir, sentir las cosas que va haciendo.
En cualquier sector, lo vivimos. Marcas que hacen, dicen o plantean cosas que no tienen sentido alguno, porque no son #legítimas para hacer una propuesta así. Pero, como hay que estar en el carro de “lo que se lleva” o “lo que mola”, parece que todo vale. Pero no es así.
Aquí es donde las grandes marcas tienen un problema… Y es que están apareciendo nuevas marcas que son #legítimas, sin hacer nada, por el mero hecho de nacer “siendo”. Me explico. No tiene un pasado que descuadre con lo que ellos transmiten. Han nacido en un momento en el que prevalecen conceptos, valores y actitudes como #share, #crowd, #change, etc. Y han nacido así, por lo que ya son así. Como decía antes, su reputación es la que es. Esta reputación se la da el contexto y la gente del mismo. Y, de igual forma, si pierden eso, pierden todo.
El problema de las grandes empresas no es, entonces, la #legitimidad. Es la reputación. Que no necesariamente tiene que ser mala. Puede ser buena, pero no hacerle #legítima ante algo. Las grandes empresas deben trabajar la reputación, volver a sus orígenes y entender sus porqués, la visión que les hizo empezar y por lo que nacieron. Recuperar esa #legitimidad de la que gozaban y/o gozan. Darle, a la calle, el poder de #legitimizarles.
Por ello creo que ser legítimo, hoy, no es sólo poder serlo, sino que crean que lo eres… Y no es fácil, pero muchas lo están haciendo y haciéndolo muy bien.
Álvaro Martín de la Torre
Estrategia e innovación en Soulsight
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