Debajo de este titular hay una firme convicción y un propósito personal. El de ser cada vez más autor y menos diseñador. No creo, al menos en mi caso, que se trate de ser una u otra cosa. Lo realmente interesante es la transición o el viaje de uno a otro.
Ser diseñador es un oficio orientado a solucionar retos, problemas, necesidades, funciones, utilidades… es una experiencia rica, extensa e incompleta. Rica e intensa porque sueles trabajar en relación o en colaboración con empresarios, tecnólogos, científicos, etnógrafos, programadores, financieros, abogados… e incompleta porque no participas del proceso de fabricación, producción, implementación… te quedas a las puertas, viendo cómo la idea cambia y se acomoda a cada mano por la que pasa. Quizá sea una experiencia similar a la de un músico que genera una partitura pero luego no dirige la orquesta.
El autor no se queda mirando. Cuando un director de cine adapta una obra original suele contar con el asesoramiento del autor en la elaboración del guión. La razón principal es porque la obra original es sólo una versión posible y parcial de todo lo que ha pasado por la cabeza del autor. El autor es el único que tiene una versión completa de los personajes, parajes y acciones de la historia. Esa versión incluye lo que no está escrito. Adaptar una obra sin su autor es equivalente a modificar una versión incompleta de la obra. Lo que suele ocurrir con las malas adaptaciones es que han perdido el contacto con su sentido original.
Dar sentido a un rompecabezas multidisciplinar y completar los egos del resto de autores son las claves principales de un ejercicio de coautoría y esto es diferente del enfoque de un ejercicio de codiseño donde los participantes, usuarios incluidos, tienen su parcela de autoridad o liderazgo.
Pero lo realmente interesante es que esta diferenciación o complementariedad, según se vea, también funciona cuando trabajamos juntos. Dar sentido a un rompecabezas multidisciplinar y completar los egos del resto de autores son las claves principales de un ejercicio de coautoría y esto es diferente del enfoque de un ejercicio de codiseño donde los participantes, usuarios incluidos, tienen su parcela de autoridad o liderazgo.
En la coautoría está implícito un sentido de propiedad de la obra de todos sus autores, se trata de una propiedad moral, no material. Esta propiedad es lo que da al autor la legitimidad de participar de cualquier evolución, adaptación o cambio en la obra.
Al final, podríamos decir que el diseño es un ejercicio orientado a dar una solución al usuario o al cliente para que luego éste lo integre en el mundo. La coautoría, en cambio, funciona de manera diferente. Sus obras no se integran, extienden el mundo y, sólo a veces, son aceptadas por el usuario o el cliente.
He oído mil veces eso de “evitar el riesgo de inventar algo que nadie quiere” y yo he pensado quinientas que tal vez deberíamos de correr ese riesgo.
Manuel Vázquez
Estrategia e innovación en Soulsight
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