¿Qué ocurre cuándo la responsabilidad del diagnóstico recae sobre uno mismo? ¿Qué significa ser responsable de tu propia salud?
Si bien decíamos que la salud es un indicador social que te separa o te incluye en la sociedad en la que vives, las personas frente a las barreras evolucionan, no para encontrar la manera de sortearlas, sino para gestionar su propia puerta de entrada.
No estar sano no solo te excluye del plano productivo, también te aleja de las relaciones sociales. Las enfermedades son problemas para que las personas podamos gestionar nuestra propia vida y todo lo que la rodea.
Un enfermo de VIH se considera un peligro para las personas que tengan relación íntima con él. Le determina frente a poder mantener relaciones sexuales, es su propia responsabilidad evitar que otros sean también excluidos.
Históricamente los sistemas que evalúan tu entrada en el sistema y los que generan herramientas para que vuelvas a formar parte de él, se han dado cuenta de que esta responsabilidad no puede ser asumida por mucho tiempo. Excluir a las personas de la responsabilidad no es una palanca que permita estirar el chicle durante mucho tiempo más. El chicle se está rompiendo. El sistema público sanitario tal cual lo conocemos empieza a ser insostenible. Durante décadas hemos alimentado este sistema para que todo el mundo pase por el aro del diagnóstico, ¿cómo le damos la vuelta a la tortilla? Responsabilidad inducida.
No estar sano no solo te excluye del plano productivo, también te aleja de las relaciones sociales.
Cuidarnos. Cuidarse es el paso previo a tener que enfrentarse a un problema. Si cuidas una relación evitas que ésta se venga abajo. Si cuidas tu propia salud, ¿qué estás evitando? Evitas los diagnósticos, las barreras de entrada, evitas hacer frente a un indicador que de repente te rechaza: de tu trabajo y de tus relaciones. Y este, señores, es el mejor ejemplo de cómo el sistema le da la vuelta a la tortilla: el problema es nuestro y no suyo. Un aplauso.
Un aplauso al engaño generalizado. Adiós al tener que poner respuesta a un problema físico, mental y social, porque los responsables somos nosotros. Tenemos que cuidarnos. Nos instan.
El propio sistema se desmorona como en su día lo hizo la industria inmobiliaria. Somos actores de un escenario que pronto no tendrá telón, ni focos, ni butacas. La demanda tal cual la entendemos ha sido impuesta y obligada para dar sentido a la oferta especulativa, un negocio redondo que se cae por su propio peso.
Pero claro, es muy fácil lanzar la pelota cuando todas las herramientas que hemos conocido han sido siempre para poner una solución. Las que evitan que tengas que pasar por esa fase son totalmente nuevas.
Ahora resulta que nos tenemos que cuidar, ¿cómo? Ahora tenemos que comer sano, tenemos que evitar el gluten, la lactosa y los productos grasos. Tenemos que correr y hacer no sé cuántos miles de pasos al día. Tenemos que saber cómo estar sanos porque es más costoso solventar el problema que la herramienta que lo mantiene. Es más sostenible pagar un personal trainer para mantener vivo tu sistema cardiorrespiratorio que tener que recurrir a un transplante de corazón.
¿Hacía dónde nos lleva todo esto? ¿Cuáles son las consecuencias de transformar un indicador como el de la salud?
Laura Martín
Estrategia e Innovación en Soulsight
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