Algunas definiciones de crisis dicen cosas como: “situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso” o más relativa al mundo de los negocios: “una situación con un alto nivel de incertidumbre que afecta las actividades básicas y/o la credibilidad de la organización y requiere medidas urgentes”.
Esto habla de la complejidad del mundo en el que vivimos en la actualidad, que está muy de moda decirlo. Aunque yo soy de los que pienso que el mundo siempre ha sido complejo en todas sus épocas y que su incertidumbre y la complejidad es lo que hace que el mundo sea mundo y exista como tal.
Lo que es innegable y no es una moda es que las organizaciones están expuestas a retos cada vez más grandes que ponen en riesgo su futuro. Cualquier decisión estratégica puede significar un punto de no retorno y actualmente, es complicado saber si es la decisión correcta cuando la tomas, por mucho que tengas todos los indicadores a tu favor. Hay comportamientos impredecibles propios del ser humano y de la naturaleza que son fascinantes y para los que nunca vamos a estar preparados. Hay que asumir y aceptar esto como una dinámica natural en nuestro día a día.
La crisis expone y estresa tanto al individuo que le saca de sí mismo. Puedes ser una persona con principios, valores y muy desarrollada personalmente, que ante una situación de crisis, siempre vas a descubrir algo nuevo sobre ti y seguramente sea de lo más valioso para tu futuro.
La crisis nos baja a la tierra, nos aterriza, nos muestra la realidad tal como es, eliminando todas nuestras ideas erróneas, expectativas y autoengaños. Nos dice dónde está cada uno. La crisis nos obliga a entender bien las reglas del juego, la situación del tablero y las fichas o cartas que nos quedan por jugar.
La crisis nos reta a explorar nuevas opciones y territorios de actuación, a cuestionarnos y cuestionar lo establecido.
La crisis tiende a pintarlo todo de negro, pero no, en ese anclaje con la realidad, también es necesario rescatar el valor de lo que tenemos y lo que nos ayuda a seguir adelante. La crisis nos va a empujar a la queja, pero si somos justos, nos ha de invitar al agradecimiento de lo que tenemos o hemos conseguido hasta ahora.
La crisis nos reta a explorar nuevas opciones y territorios de actuación, a cuestionarnos y cuestionar lo establecido a ser humildes y aceptar que lo que hacemos habitualmente no es suficiente y que hay que evolucionar.
Y por último, la crisis nos invita a tomar riesgos, a salir fuera y tomar acción. Todos los libros de managment del mundo nos dicen todo lo contrario, pero no tomar riesgos en una situación de crisis, no tener una apuesta clara y con criterio, significaría anular todo lo anterior. Significaría no haberte conocido, no haber sido consciente de la realidad que estás viviendo, no haber rescatado el valor de lo que tienes y no haber explorado nuevos territorios. En ese caso, significaría que no nos estamos enterando de la crisis que estamos viviendo y pretendemos resolver una crisis con parches que no nos sacan de la crisis.
La crisis no es maravillosa y no diré felizmente que siempre es una oportunidad, porque es fastidiosa, pero si pasas por un momento de crisis, asegúrate de que no sea en vano.
Carlos Murillo.
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