Poetas, pintores, músicos, fotógrafos … no tienen oficio, lo suyo es un anti-oficio. Se ocupan de descubrir el mundo, conectando lugares que los demás mantenemos separados por costumbre. Mientras unos se preocupan de adivinar el futuro, ellos se preocupan de evitarlo, transformarlo. Su objetivo no es conseguir una solución exacta, saben que la solución se hace exacta con el uso. Hasta que se agota.
Exploran lugares mal iluminados, abandonados, extremos, bordes y grietas. Se mueven en una delicada línea que, como casi todo el mundo intuye, no debe ser llamada y menos por su nombre.
Pero los artistas no son héroes, solo tienen una actitud y una manera de mirar distinta. Han puesto el foco en otro lado porque saben que de nada sirve mirar a las cosas directamente. Los artistas gastan su vida mirándola. Es como una mirada que se frota en las cosas aunque las hayan visto mil veces. No tiene mucho mérito salvó el de mantener la actitud de insistir una y otra vez en el mismo punto hasta que ocurre algo mucho mejor que su autor. De ahí que algunos artistas parezcan distantes, saben que ellos no son lo importante, sienten su talento como algo relativo que ni siquiera les pertenece y cada obra es para ellos una oportunidad de reconocer el mundo más allá del simulacro que les envuelve. Esta actitud a menudo se confunde. Un artista ensimismado con su obra, no es un signo de vanidad.
Hoy he leído una anécdota de la tradición del budismo Zen, atribuida a Basho, poeta Japonés del periodo Edo: “He estado explicando Zen toda mi vida, –confesó una vez Basho– y, sin embargo, nunca he podido comprenderlo. Pero –dijo su interlocutor– ¿Cómo puede usted explicar algo que no entiende? ¡Oh! –exclamó Basho– ¿También tengo que explicarle eso?”
No podemos comprender que pasa con las cosas, con el mundo, con la calle … pero si podemos, habitar, transformar, crear y vivir.
No podemos comprender que pasa con las cosas, con el mundo, con la calle … pero si podemos, habitar, transformar, crear y vivir. He tenido que imaginar la posibilidad de verlo todo a través de la tecnología para descubrir que vivimos una realidad diferida. Algunos toman decisiones proyectándolas al pasado, otros quieren tomarlas anticipando el futuro, lo siguiente, en nuestra carrera por acelerarlo todo, será dar respuesta inmediata, en tiempo real, a cualquier cosa que pase. Lo cual multiplicará el número de espectadores mientras unos pocos artistas intentan explorar lo siguiente.
Si las decisiones y respuestas se basan en datos puros y algoritmos, tendremos que encontrar formas de añadir a nuestra vida una variable mucho más compleja: un factor humano, que incluye algo más emocional, cultural y subjetivo. De lo contrario todo será consumo.
Nuestra identidad se basa en la forma en la que percibimos el mundo y respondemos ante él. El día que dejemos de encontrar nuestras respuestas, quizá seremos dioses, pero no artistas.
Manuel Vázquez
Estrategia e innovación en Soulsight
Si estás interesado en conocer mejor lo que hacemos, ponte en contacto a través de info@soulsight.es y estaremos encantados de contártelo.