La regla del décimo hombre es una táctica basada en el sentido común. Indica que siempre que nueve personas estén de acuerdo en que algo es cierto, una décima persona debe defender la tesis contraria, incluso si no está de acuerdo, para analizar los escenarios menos probables, sacar conclusiones y poder estar preparados ante una improbabilidad.
Aunque la regla especifica que debe aplicarse sobre un grupo de 10 personas, la realidad es que no es necesario: en un grupo de 3 ó 4, una de ellas puede tomar el lugar de la décima persona, ya que el fin es la disonancia y cuestionar los conocimientos que se tienen como verdaderos.
Porque las verdades absolutas no existen, siempre hay una probabilidad de que algo no sea como debe ser o como queremos que sea. Gran ejemplo de ello nos lo dieron los Simpsons al elaborar una parodia basada en cómo Trump alcanzaba la presidencia de los EE.UU. Qué gracioso fue en aquel momento, ¿verdad?, cómo nos reímos de algo que era tan demencial que solo podía provocar carcajadas… pero entre risa y risa no nos dio por platearnos un “¿y si…?”.
No estoy diciendo que el que nos plateemos escenarios improbables nos evite “catástrofes” como la de Trump, simplemente digo que nos harán estar preparados para situaciones diferentes. ¿A qué nivel?, no lo sé, pero lo que sí sé es que cuando alguien se cuestiona, aprende.
Tener un Lab en muchos casos no es suficiente y tampoco significa que se estén cuestionando e investigando a fondo lo improbable o lo desconocido.
En las compañías ha habido muchos casos de improbabilidades probables: Nokia, BlockBuster, Pan-Am, Olivetti… y seguro que dentro de cada una de estas empresas había gente que se cuestionaba el modelo, el futuro
o la propia existencia, pero no fue escuchada.
¿Y si a partir de ahora todas las compañías tienen un equipo “Décimo Hombre”? Algunas compañías dirán, “yo ya lo tengo, es el laboratorio de innovación”. Puede ser, pero creo que esos laboratorios son sólo una pequeña toma de contacto que tiene que abrir el camino a algo más grande. Tener un Lab en muchos casos no es suficiente y tampoco significa que se estén cuestionando e investigando a fondo lo improbable o lo desconocido.
La muestra está a la hora de implementar, están cometiendo un error. Cuando desarrollan nuevos modelos de negocio nacidos con un ADN diferente al común en sus compañías, quieren que respondan a los KPIs de siempre y a una estructura obsoleta para este tipo de modelos. ¿Esto es lo que significa dejar espacio para la innovación? Yo creo que falta el último empujón y eso implica atreverse a dar un salto de fe.
Sí, sé que da miedo, mucho, pero quizá ese miedo estaría más controlado si tuviéramos el equipo del Décimo Hombre.
Destinad espacio físico, emocional y monetario a formar equipos de estas características, dejadles que se cuestionen verdades, que construyan en lo improbable, dejad que aprendan y que os lo cuenten. Servirá para hacer el mundo un poco mejor: para ti, para tus empleados y para tus clientes. O por lo menos para saber qué hacer ante un ataque zombie.
La regla del Décimo hombre la podéis encontrar en el libro Guerra mundial Z: Una historia oral de la guerra zombi (sí, también hay peli y sale Brad Pitt).
Carolina Rodríguez
Estrategia e innovación en Soulsight