Los seres humanos disponemos de una pequeña almendra en el cerebro que remonta al pasado más remoto de los mamíferos y que ha tenido un papel vital en la evolución. La amígdala ha sido la responsable de la supervivencia de la especie humana a lo largo los milenios. Esta especie de botón de emergencia de nuestro cerebro nos avisa, a través de una cadena de estímulos en nuestro cuerpo, de echar a correr si un león viene a por nosotros en medio de la sabana africana.
La mayoría de los riesgos a los que nos enfrentamos hoy en día, sin embargo, están bastante alejados de la activación de este órgano. Si la amígdala fuera susceptible de los daños de la polución en las grandes ciudades viviríamos en un bucle de pánico constante. Al margen de esta breve anécdota, la amígdala nos ha ayudado a crecer aprendiendo a identificar aquello que debemos evitar. Somos, en general, más conscientes de aquello que está “mal” que sobre lo que está “bien”. Dicho de otra forma, nuestro conocimiento tácito sobre la vida crece más por sustracción que por adición, rescatando algunas ideas del antifragilista Nassim Nicholas Taleb.
El mundo que conocemos actualmente crece exponencialmente, añadimos más y más rápido. El ser humano es especialista en añadir cosas y, a veces, demasiado torpe quitándolas. Steve Jobs solía decir, “la gente cree que centrarse en algo implica decir sí a aquello en lo que te enfocas. Pero eso no es ni mucho menos lo que quiere decir. Significa, más bien, rechazar el centenar de otras buenas ideas que hay por ahí. Uno tiene que escoger con cuidado. Lo cierto es que me siento tan orgulloso de las cosas que no he hecho como de las que sí. Innovación es decir que no a mil cosas”. Si innovar es decir no, por qué seguimos añadiendo ruido al ruido.
Complejo vs. complicado.
Hay un dato muy revelador al respecto, la vida media de una empresa en el índice S&P ha disminuido de setenta y cinco años en 1937, a tan solo quince años de media en 2012*. Lástima que la amígdala no es capaz de advertimos en este tipo de cuestiones. Pensemos un momento en lo que está pasando: las firmas más exitosas de hoy aprovechan literalmente las fuerzas evolutivas para adaptarse más rápido que sus pares, aceleran la experimentación, son cuidadosamente selectivos y reproducen sólo aquellas operaciones que les permiten encontrar y capitalizar nuevas oportunidades. Son capaces de enfocar, en palabras de Jobs.
Y ahí va la pregunta del millón, ¿cómo lo hacen? Cuando las organizaciones crecen inevitablemente se complejizan, pero no es lo mismo complejo que complicado. Como decíamos antes, somos especialistas en añadir más y más, pero nos cuesta especial esfuerzo quitar cuando ya estamos inmersos en las redes de la inercia. Añadimos capital, añadimos personas, añadimos procesos, añadimos infraestructura, añadimos y añadimos, y lo hacemos de acuerdo a nuestros bien logrados planes estratégicos. ¿Somos igual de buenos cuando tenemos que quitar? En general no y es precisamente esa diferencia la que lleva a muchas empresas a la bancarrota. Empecemos a aplicar la regla del conocimiento por sustracción. Las organizaciones que son capaces de adaptarse y crecer con respecto a su entorno explotan positivamente el conocimiento por sustracción, eliminando lo innecesario a través de reglas muy simples o, como decía Paul Valery, “¡cuántas cosas hay que ignorar para actuar!”.
Esther Achaerandio
Estrategia e Innovación en Soulsight
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