Es que a lo mejor va de esto, ¿no? De disfrutar en los momentos de ignorancia y estupidez. Si nos damos cuenta, ambas indican valentía y curiosidad. Curiosidad y valentía a probar cosas desconocidas y lanzarse al vacío. Realmente uno se siente estúpido e ignorante en ocasiones por defecto. Por un defecto social de juzgar qué es obligatorio saber o cuál es la forma correcta de actuar.
Muchas personas quieren atreverse a hacer, pero les paraliza “el qué dirán” o “y si va mal”. Ya llevamos hablando tanto tiempo del mundo beta y el prototipado rápido y barato, que ya el miedo está claro que es otro, porque la oportunidad y posibilidad existen. El cómo lo tenemos más que claro, ahora falta adivinar el porqué, pero esta vez el “¿por qué no lo hacemos?”.
Normalmente las barreras las encontramos a nuestro alrededor, en los espacios corporativos en los que nos movemos. El quiero y no puedo dentro de las compañías se da muy a menudo. Las personas necesitamos un espacio de confianza para sentirnos estúpidos, y poder reírnos de ello. Porque sí, señores lectores, trabajando uno se puede reír — y mucho — de uno mismo. Eso es síntoma de que todo va bien. Eso es síntoma de que estás donde tienes que estar, que sabes quién eres y saben quién eres. Que ser tú no se penaliza, ya que cuando se firma un contrato lo firma la persona, no el título. Porque sí, somos humanos, y errar es humano, y aprender es humano, y llorar es humano, y enfadarse es humano, y reír es humano y lo único que necesitamos para poder hacer bien nuestro trabajo es ser humanos, lo demás ya sabemos que lo sabes hacer, porque la parte técnica siempre es más fácil de aprender.
“Las fotografías que envejecen amablemente han sido hechas por instinto, con una confianza total en la intuición, que aporta mucho más que la razón, y tiene mérito, porque hace falta atreverse a ser estúpido: algo muy raro en una época llena de gente inteligente que lo sabe todo y que ya no mira nada”. Robert Doisneau.
Uno no sólo tiene que hacer estupideces cuando está enamorado de otra persona, también cuando está enamorado de su trabajo. Así que, enamoraos mucho de lo que hacéis y haced todas las estupideces posibles. Y creemos espacio en nuestras compañías para que las personas sean capaces de ser ellas mismas, de mostrar su mejor yo, dar espacio para que se puedan enamorar de lo que hacen día a día, de dónde lo hacen y con quién lo hacen. Dar espacio para ser estúpidos.
Carolina Rodríguez
Estrategia e Innovación en Soulsight
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