Siempre que alguien se hace eco de la vida destroy de John Belushi, lo hace recordando los excesos, el origen del Saturday Night Live, las anécdotas lisérgicas, o la pléyade de amigos wow que tenía… pero es interesante recordar también la velocidad con la que vivió todo y cómo eso le definía como un personaje violento. Estaba como una moto. Violencia y velocidad íntimamente ligadas formando parte de una misma ecuación descrita con sencillez por Paul Virilio: “¿Qué diferencia una bofetada de una caricia en la cara? La velocidad con la que la mano se aproxima al rostro”. Si la velocidad es baja la mano impacta contra la cara en forma de caricia, pero ay si la velocidad es alta… la dolorosa no te la quita nadie.
Atendiendo a esta evidencia vivimos en una realidad ultraviolenta, aunque no haya bombas ni disturbios en las calles. Que pasamos de la ley del más fuerte a la del más listo, pero pronto hemos impuesto la ley del más rápido. El más ágil y veloz gana. El mundo cambia a una velocidad incontrolable, casi absurda. Belushi gana y Virilio pierde.
La velocidad que se desea alcanzar es tal que las maquinas ya viven literalmente en “el futuro”, violentando aún más nuestra realidad con sus habituales daños colaterales como la desaparición del precioso tiempo que dedicamos a descubrir, entender, soñar despiertos, a tropezar en la misma piedra o a probar para errar.
La aspiración actual es el tiempo real. Atentos si no a la IA manejando la clave para lograr la máxima velocidad de facto: la predicción. Algo muy neuróticamente humano el querer anticipar, pero hablamos de predecir para dar respuestas antes incluso de que nadie piense en preguntar. ¿Habrá que programar a Alexa para que espere unos segundos y no nos haga parecer tontos? La velocidad que se desea alcanzar es tal que las maquinas ya viven literalmente en “el futuro”, violentando aún más nuestra realidad con sus habituales daños colaterales como la desaparición del precioso tiempo que dedicamos a descubrir, entender, soñar despiertos, a tropezar en la misma piedra o a probar para errar. Tiempo que desaparecerá a favor de la eficiencia dando forma a un mundo quizás más violento pero dicen que también más fácil y siempre útil. Bueno…
Desde luego trabajar la acción-reacción ya está en fase de superación. Pincho en un botón y ocurre. La velocidad ya es alta. Sabemos que el tiempo-real es una oportunidad predictiva y en desarrollo. La velocidad se acelera más. El interface conversacional lo asume como parte de su potencial. Y en breve se trabajará con ahínco el pensamiento como sumun. Lo pienso y sucede. ¿Se imaginan vivir a la velocidad del pensamiento? Emociona por su potencial pero aterroriza por su anunciada violencia. ¿Y entonces? Los John Belushi del mundo no tendrán paciencia para admirarse frente a un espejo… porque el reflejo llegará demasiado tarde y por tanto será imperfecto. Abróchense los cinturones, porque entonces se activará el siguiente nivel: velocidad absurda.
Pedro Enriquez de Salamanca (Furby)
Estrategia e innovación en Soulsight
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