Había visitado el entorno universitario de nuevo después de muchos años y ya nada era lo mismo. Probablemente, la universidad es uno de los mejores lugares para entender las relaciones intergeneracionales, así que me puse a hablar con unos y otros. El profesor me dice que los alumnos son blanditos, el alumno me dice que el profesor tiene 20 años de experiencia contando siempre lo mismo. La universidad dice que los alumnos están dispersos y poco participativos. Los padres se lamentan de sobreprotegerlos. Era muy llamativo observar toda esa culpa recorriendo los pasillos vacíos.
Las primeras referencias del conflicto generacional provienen de la Grecia antigua… puede que antes, como atestiguan textos sumerios de alrededor del 2000 a.C. Este tiene su gracia: «Nuestro mundo llegó a un momento crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos». La verdad es que esta cita no tiene una fuente verificable, pero ilustra de maravilla cómo el conflicto generacional se ha extendido a lo largo de los tiempos. Muchas culturas y épocas han expresado este sentimiento de «decadencia» de la juventud y añoranza de tiempos pasados. En la Inglaterra de la Edad Media escribían, «Los jóvenes son tan altivos y desenfrenados que no respetan ni la autoridad de los mayores ni los preceptos de la Iglesia», William de Pagula (1274).
De los jóvenes de hoy, por el número de universitarios, se dice que son la generación más brillante de la historia, pero también se dice que es la primera generación que va a vivir peor que sus padres. Es la primera generación con límites en el horizonte, que es lo mismo que decir, en su futuro. Límites climáticos, sociales, económicos, energéticos, demográficos e incluso biológicos. En su corta vida han vivido varias crisis económicas, ya forman parte de la sociedad de la ansiedad; en su mundo, el cambio climático es una realidad aceptada y el cansancio crónico o los problemas de salud mental son cada vez más comunes. En este escenario, la pérdida de confianza en el progreso y la sociedad de bienestar parece razonable.
Responder a esta disfunción generacional, especialmente visible en las grandes organizaciones, mejoraría los flujos de información, la eficiencia, la productividad, la sostenibilidad, la creatividad y, en general, la capacidad de trabajar y pensar juntos.
Hubo tiempos en los que las experiencias vitales no eran muy diferentes de unas generaciones a otras, eran tiempos en los que trasladar aprendizajes de una generación a otra era relevante y práctico. Eran los tiempos en los que maestros y aprendices tenían relaciones largas y fructíferas. Hoy una sola generación podrá tener varias vidas y radicalmente diferentes; más aún, varias generaciones experimentarán épocas diferentes al mismo tiempo. En este escenario, lo que parece claro es que tener más edad no te legitima para valorar tu experiencia por encima de la de nadie. Las experiencias dejan de ser dilatadas y pasan a ser diferentes. Si lo nuevo es el mundo, todos somos novatos.
Así que lo realmente relevante no son los 2,1 mil millones de mayores de 61 años que seremos en 2050. Por primera vez conviven seis generaciones. Seis generaciones con necesidades y experiencias diferentes, también con una mirada diferente… Podríamos decir que hoy no hay un abismo generacional, hay cinco abismos generacionales y dos o tres brechas digitales. A pesar de que pronto uno de cada seis personas en el mundo tendrá más de 61 años y que, según el caso, unos dirán que esto es un problema o una oportunidad, la realidad es que el verdadero problema es eliminar toda esa culpa repartida entre generaciones que nos paraliza y la verdadera oportunidad es aprovechar esa diversidad sin precedentes para encarar los complejos retos del futuro. Si es posible, antes de cumplir los 65. Esta es la ventaja competitiva que estabas esperando, no la creación de nuevos modelos de negocio con propuestas de valor senior.
Responder a esta disfunción generacional, especialmente visible en las grandes organizaciones, mejoraría los flujos de información, la eficiencia, la productividad, la sostenibilidad, la creatividad y, en general, la capacidad de trabajar y pensar juntos. Pero no solo. Entender las relaciones, interacciones y comportamiento intergeneracional desvelaría oportunidades inéditas que no son visibles en un mercado segmentado en generaciones de consumidores.