Todo el diseño es diseño de futuros porque cualquier diseño imagina en el presente algo que es deseable en el futuro. Cualquier persona se imagina la compra en el supermercado, la solución a un problema en casa, un viaje o un plan de vida… Imaginar tu vida es diseñar futuros.
No solo diseñamos vidas propias, también diseñamos la de otros. Nuestros padres fueron diseñadores y casi todos hemos oído alguna vez a unos padres desear “una buena vida a sus hijos”. Una buena vida es algo que se diseña con historias, valores, educación, reglas, libertad, cuidados y algún que otro consejo… Es lo que hacen los padres.
Cuando alguien dice «el futuro está aquí» es porque acaba de diseñar algo, no quiere decir que haya llegado al futuro, porque como trataré de explicar en este artículo no es buena idea llegar al futuro.
El Informe Brundland de 1987 define el desarrollo sostenible como un proceso que tiene en cuenta las necesidades de hoy sin comprometer las de las generaciones siguientes. Roman Krznaric, dice que nuestros descendientes son los verdaderos dueños del futuro pero que las decisiones y acciones de cada generación impactan inevitablemente en las generaciones siguientes. Y creo que, en algún punto, nuestra generación ha dejado de imaginar futuros para, directamente, empezar a construirlos. Hemos acelerado tanto el presente que hemos ocupado el futuro.
Nuestra responsabilidad como antepasados y con el futuro no debería ir más allá de intentar prever y proveer de aquello que creemos necesario para que nuestros descendientes pueden construir la vida que necesiten. Eso implica imaginar el futuro, pero no construirlo. Diría que necesitamos «preparar» nuestra civilización para que nuestros descendientes tengan el mayor número de opciones posible, porque no sabemos lo que les espera. Añadir posibilidades.
Un problema grave surge cuando nuestras soluciones presentes limitan las posibilidades futuras. Y esto es porque, en muchos sentidos, intentamos perpetuar un presente agotado o que ya no funciona. Estamos en un punto en el que asfixiamos o hacemos desaparecer soluciones futuras. El peor escenario posible es aquel en el que nuestro descendiente solo tiene la solución que le hemos dejado.
Estamos encaminados hacia la transición de todo: energía, economía, tecnología, política, cultura… Una transición que, sobre todo, dejará atrás lo que hemos entendido que era tener «una buena vida». Lo que muchos llaman colapso, y el sufrimiento que conlleva, es el colapso de la idea de tener «una buena vida». Es cierto que en los últimos años no lo ha sido tanto, pero es precisamente porque nos hemos negado a admitir su perdida. Deberíamos hablar del colapso de una idea, no el colapso de un mundo.
Joseph Tainter, antropólogo americano, nos cuenta sin paños calientes que lo que hemos logrado en las últimas décadas, el progreso de la sociedad y el grado de confort alcanzado es gracias a los combustibles fósiles y añade que gracias a ellos vivimos en la sociedad más compleja de la historia. Dicho de otro modo, no ha sido nuestro talento y trabajo, ni una bien planificada economía, sino la energía acumulada durante miles de años bajo tierra. Lo peor es que no está claro que en el futuro contemos con una energía tan extremadamente rica y barata para mantener la complejidad que nos sostiene — además de que no podemos seguir quemando petróleo, carbón y gas—.
En realidad hay una transición mayor y necesaria que envuelve a todas las demás. Es una transición cultural que cuestiona los relatos que nos hemos contado hasta ahora y que afecta a todo lo que hacemos, añade valores y, más concretamente — en lo que atañe a nuestro oficio de diseñadores—, incorpora nuevos principios de diseño.
La idea de esta transición nos acerca otro mensaje, la esperanza de un renacimiento donde no haremos las cosas para tener «una buena vida». Haremos cosas «buenas para la vida»
El artista August Metzger ha dicho “debemos ser idealistas, o morir”. Ser idealista es creer en las ideas y buscarlas porque son las que dan forma a nuestra civilización.
Manuel Vázquez
Estrategia e innovación en Soulsight